La partitura narrativa

Lo que llamamos narrativa en literatura ya forma parte de un intrincado y profundo sistema de representaciones que se funda en principios de lenguaje relativamente básicos. Hay razonamietos, ideas y lecturas que se encuentran antes del leguaje y que podemos percibir en la memoria y los sentidos. Podemos entender estas secuencias, estos fenómenos relacionados, como una proto-narrativa no representada, o tal vez en otra óptica, la narrativa original, fenomenológica, objetiva. Y sería un elemento del universo bastante básico pues toda la lógica de un lenguaje puede entenderse (solo puede ser comprendida) como proto-narración.

Que no optemos por activamente representar estas narrativas no les confiere un valor intrínseco, porque tanto supondría que el universo es rico en sentido por naturaleza. Insisto en decir que las proto-narrativas no existen como representación, que son irrelevantes para el lenguaje, pues funcionan en una evidencia de palabra: si uno sabe hablar ya las ha fatigado. Estas nociones primitivas pueden bien hallarse más allá de organismos incapaces de la palabra o de una representación abstracta que tenga capacidades análogas. En su estado de “ser casi una idea”, la proto-narrativa se vuelve una idea porque requerimos representarla pero su existencia no es de la representación. Sería lo que ocupamos para hacer signos.

No toda obra creativa es de orden narrativo, pero supone sistemas de comprensión. Al hallaros frente a un retrato no hay, por estricta matemática, una sola manera de abordar la imagen. El azar nos propone de antemano distintas iluminaciones o la obstrucción parcial del cuadro que nos impida su apreciación más típica. La tentación del arquetipo de una imagen absoluta o debe imponerse ante el verdadero fenómeno, la narrativa primaria que todo cuadro visto implica. En efecto, debe haber alguna visibilidad hacia el cuadro, y en esta vista una construcción de identidad y unicidad. Luego existen una cantidad enormes de fenómenos sensoriales que definen lo que para el espectador será la esencia de la pintura. Disculpen de antemano la evidencia: como se percibe el cuadro es parte de como funciona el arte de la pintura, todos los artes funcionan en estos supuestos narrativos que son inmóbiles y sin embargo, variantes. La proto-narrativa no es fija y por lo tanto, solo se representa en un estado de potencial cumplido o que debe cumplirse.

Los juegos de video permiten la interacción literal entre la obra y el jugador. Están basados en la escritura de una proto-narrativa (si tal acción es realizada, uno pierde el juego, si es así, debe volver a comenzar, etc.) que define sus arquetipos por medio de relaciones lógicas que pueden préscindir de nuestro lenguaje. El final es un silencio y el juego es un ruido, su articulación podría bien ser musical (a veces lo es dado que una parte enorme de los juegos electrónicos se basa en el ritmo). Todo esto se representa en un estilo de narrativa convecional, sin embargo, procede de un tipo de escritura, de la partitura que envuelve cualquier narración genérica y esta debe ser escrita. Un computador primitivo puede proceder a estas representaciones, lo que justifica en parte el lugar primario en el ciclo de la experiencia que este tipo de proto-narración ocupa.

Esta entrada tan plagada de objeciones y précisiones antropofagas se me propuso como una necesidad literaria para explicar que, obviamente, existe una narrativa anterior al poema. No perseguimos en poesía la depuración del sentir en sus sistemas más básicos, ese tipo de tarea la cumple con eficacia una máquina cualesquiera. Por medio del artificio, de lo representado y hasta superrepresentado, de lo recontradicho y lo ya contado, volvemos a la emoción, a lo que en cierto sistema de creencias se puede tener como innenarrable.

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De teoremas y lecciones

Si la literatura te impide comprender a ti mismo, te cortas la literatura.

Erase que se era una vez el talento fundamental de un hombre, no era, si bien entiendo, el remedio a sus males. Si mi talento es un león, que evite demasiado cazar. Eso dijo, no son mis palabras. Entonces reconocía una insuficiencia e inadecuación de nuestras palabras y nuestras ideas para corregir lo que es el mundo, o mejor, la fracción ridículamente pequeña del mundo que está a nuestro alcance.

Estos límites del lenguaje pueden llegar a confundirnos pues no es sencillo entender ni bien como sentir. Hablamos mucho de amar, sin embargo, nuestra capacidad de amar suele ser miserable. Envidiamos el dinero pero somos incapaces de la prosperidad. No es solo un decir y hacer, antes de efectuar una acción estamos inclinados a un ciego error que no advierte sus propios tropiezos. Concebir a través de la palabra nuestro universo es un trabajo que debe estimularlos. Si buscamos soluciones en los libros nunca las vamos a hallar.

Pienso en las matemáticas. El plural no es vano, hay muchas ciencias contiguas que comunican en ciertos principios y funciones, como los idiomas se conectan por el sentido. Sin tomar en cuenta nuestra capacidad o la dicha que estas ciencias nos procuran, podemos equivocarnos en comprender lo que son. Podemos pensar, en un modo determinado por la escolaridad más falaciosa, que a un problema matemático le corresponde una solución (decimos que 1 + 1 = 2), sin percatarnos de que el dilema consiste en gran parte del postulado de todas las reglas que hacen que el “problema” exista en primer lugar. Además, la escuela no nos confronta a verdaderas dudas respecto a la ciencia, nos presenta ejercicios, repeticiones que tienen como fin presentarnos un marco conocido y que podamos navigar problemas muy básicos sin temor o confusión. Solo que simplificando generamos otra complejidad, una suerte de barrera invisible que nos separa a los simples mortales de los matemáticos “verdaderos”. En esa distancia providencial, como un espectador en su palco, nos permitimos la abstracción de nuestro propio ser sin ponernos en el lugar del que ejecuta todo lo que vemos. La escuela nos da permiso, por sus atajos, de nunca ser matemáticos. Obviamente un error análogo obra en la escritura.

Por supuesto, el sistema de convención que reina en la lengua y en las matemáticas no se sustenta bajo los mismos principios, en cierto modo sus respectivas experimentaciones no pueden compararse. Yo no puedo escribir el poema más desgarrador de los siglos si rompo arteramente con el lenguaje de mis congéneros: entonces simplemente nadie me entenderá. El matemático avanza por un tortuoso camino sobre los pasos de los demás para congeniar su discurso con las reglas y référencias que existen antes que él. No podría ser diferente en dicho sistema y podría otro matemático efectuar la misma tarea que él si la oportunidad se presentase. Existe un valor más curioso de reinvención que en el discurso tiene mayor irrealidad -ya que nadie busca hablar como quien le precedió, excepto en el caso de Pierre Menard-. En esto el discurso de cada uno parece menos sólido, menos necesario para la raza humana y podría, si las medidas extremas lo exigen, separarse de nosotros, lanzarse al más completo de los abandonos.

Una parte nuestra se perdería irremediablemente así, muchos ya la han perdido -acaso nunca la tuvieron-. ¿Cómo les falló lo escrito a estas personas? ¿en qué modo rebuscado y alterno impidió que lograsen comprender? Me doy cuenta que cada día hay millones de personas que abandonan sin más las letras como si estas fuesen pura necedad. Entiendo que no fue el sentimiento desgarrador que veía su fuero como un depredador.

Propondré algo, me hallo de buen ánimo para la especulación. La literatura no existe. La inventamos cada vez, como el matemático que descubre un nuevo teorema inventa su ciencia al ignorar que otro ha trazado el mismo camino. No se reduce el aprender a un conjunto de lecciones históricas, es la recreación constante de nuestros ánimos. Si uno enseña a un niño que leer es una suerte de amor, entonces en él se crea una literatura, que es toda nueva y no depende de las agotadas lecciones que hombres un poco como yo han impartido.

Por supuesto, consideando esto, pues… No se puede cortar lo que no existe.

Sería dejar morir

He citado varias veces a Horacio Quiroga y a su décalogo del excelso cuentista, lo que es curioso si se tiene en cuenta que mi encuentro con este texto es enteramente por lecturas secundarias, y que Quiroga es lejos de ser mi autor de cabecera. No obstante es sencillo empeñarse en un objeto de la crítica pues utiliza un vocabulario, un tipo de reflexión, que es propio de los ensayos literarios. Nuestro cerebro hace economías con detalles como el vocabulario, por eso es importante ser tímido o implacable con las palabras, no andar con rodeos innecesarios.

El artículo que deseo discutir hoy día es el de la emoción. Ya saben que yo no la practico, que no hay nada de  emotivo en la impiedad que se constituye con mis frías letras, que el placer intelectual que me procuran basta. Y por supuesto, la emoción en literatura es algo básico, pero siempre es emoción pretendida, groseramente compuesta de gesticulación verbal.  Hay que causar la emoción, no sentirla. Y esto dice Quiroga, más o menos, sugiriendo que no se escriba ante el imperio de la emoción, que se le “deje morir”.

Por primera vez me interrogo sobre el público potencial del decálogo de Quiroga ¿no son demasiado ridículos estos preceptos? Cualquier estudiante, por mínimo que se halla interesado en la lectura, sabe efectuar la división entre lo real y lo ficticio ¿no? Si además pasa que se interesa en la producción de textos, entonces este listado de evidencias le resultaría condescendiente. No quiero decir que no exista el estado cero del escritor, ese en donde se ignore todo el decálogo de Quiroga y se le tome inocentemente, cual si el potencial redactor fuese un niño (y si el texto de Quiroga fuese un verdadero decálogo como término religioso), en un absoluto. Mi duda es si el autor concibio esta breve redacción como un texto que mira más allá, o si realmente buscaba interpretarse con toda ignorancia. Tal vez Quiroga se estimaba tanto que soñó que todos entenderíamos la redacción con sus preceptos, que cada institución educativa los plagiaría. O no, el valor del texto estaría e otro sitio. ¿Cómo saberlo? En aquella época el analfabetismo era una terrible realidad que nos puede sorprender en este día de ordenadores.

Otra idea sería partisana, como muchas de las cosas que redacto aquí. Debemos distinguir mi identificación en dichos partidismos, yo trato de entablar un universo de diálogo entre los conceptos textuales, no existe un espacio de pura verdad en la ficción, la queremos variable. Deseo para preservar este estado de ficcionalidad, un ámbito de crítica donde posiciones opuestas no solo se precisen sino que se sientan inevitables. Hay quienes creerán que la realidad incluye lo ficticio y otros que regiamente lo excluye, mi trabajo es alimentar ambos lados en su contradicción para que se le figuren necesarios al crítico que los aborda. No quiero escritores y lectores convencidos, duden de sus palabras, de sus terminologías, crean en algo que va más allá de lo que han repetido. Duden de mí, ¡hay de ustedes si no dudan de mí! Yo construiré partidos pero no me intereso en representarlos, eso es la elección de cada quién. Quiroga, escritor de un género tradicional (el cuento) podría haber entablado un argumento partisano contra una idea muy popular de la literatura, esa del poeta iluminado, que todo lo saca del ingenio y que revela sus sentimientos.

El arte es un mecanismo de proporciones y el desborde de energía que es la emoción no atina en graduarlo con la seguridad que uno quisiera. Muchos escritores han escrito aterrorizados, literaturas que además resultan buenas. Pero el terror es difícil de detener, la emoción amorosa difícil de reinar, incluso nuestras palabras cotidianas tienen dificultades en abarcar tan complejos estados con la ventaja de la reflexión. Creo que el argumento de no escribir bajo el influjo de la emoción es archiconsabido, la oposición vida/literatura parece fundada en este empeño de contradicción. Solo que no me resigno a dejarle a Quiroga su obviedad.

¿Por qué dejaríamos morir una emoción? Si entiendo la proposición de este cuentista, sería para escribir. Hay emociones como el miedo o la pena que permanecen en nosotros, esas no se pueden simplemente “dejar morir” (o escribiríamos de ultratumba). Y bueno, el amor tiene gran fugacidad, tal vez es la primera emoción que nos viene a la mente, pero dejarlo morir es un extraño método, por lo menos suena a resignación. Y bueno, es que la emoción no es la que muere en sí. Uno muere. Morimos nosotros a la emoción. Cuando uno siente desgarradoramente pero está más allá de la autocompasión y la piedad, logra escribir y sus decisiones parecen guiadas por algo trágico, inevitable. Suena malvado, pero Whitman lo hizo con sentimientos de grandeza.

Que concepto tan… ¿Cristiano? Lo que parece perfectamente en su sitio, ya que este texto es un decálogo. Decidan: Quiroga practicó artero este doble sentido o el vocabulario está embebido de cristianismo.

Poesía, truco

Debería hablar más de poesía en este blog.

En este blog siempre hablo de poesía.

La coincidencia es curiosa no tanto por su aparente contradicción, sino por su feroz caracter inmaterial. Me encantaría tapizar estos html en mis horas perdidas con brillantes descubrimientos líricos y compartir, lo que es rigor, mi amor de las palabras con el mundo. Solo que no publico acá mis textos ni me da por elaborar en los textos de otros, o hacer el comentario.

Nada más sencillo que justificar esta carencia crítica. Siendo un enamorado del género poético no quiero prestarme al juego académico de decifrar poemas como si los poemas fuesen para decifrarse. Tal imagen quiere decir tal cosa, tal cadencia comunica tal sentimiento y así no. Se me hace un poco ridículo, pongámonos metatextuales para ilustrar mi punto:

Debería hablar más de poesía en este blog.

En este blog siempre hablo de poesía.

El fragmento abre con dos líneas cortas en sucesión que, por su aparente oposición, se expresan por separado, buscando acentuar su relación contradictoria e inmediata. Encontramos los mismos elementos sorteados en varias ciruncstancias, la insistencia de “este blog” nos remite a lo inmediato y a la materialidad del soporte empleado (de la lectura efectuada, contradictorio hablar de materialidad debido a que nos encontramos en el ámbito digital, se entiende que a esto remite el término blog). El autor establece una relación entre el término habla y la poesía, ambos expresados con una oralidad, distintos pues la poesía aunque se recita a viva voz no se “habla”, o mejor dicho, no se considera poética mientras uno la trata como tema. Este formato declarativo, reiterativo, expresa ya en sí una resistencia a lo tradicionalmente lírico, sin por esto refutar su validez (la insistencia, el eco y la repetición siendo también elementos típicos del poema).

¿Tienen la paciencia de leer esas payasadas? Y bueno, admitamos que un lector recurrente de mi blog es por ende una suerte de santo cultivador de infinita escucha, de todos modos de mi parte sería un abuso imponerles algo que se puede catalogar meramente de ejercicio.  Mi respeto supersticioso a la lírica me impide presentar una redacción así. Discutir en voz alta del asunto sería otra cosa.

Hay algo condescendiente en el aparato crítico que de algún modo se vuelve más real a la lectura. Me gusta pensar que pregono un irrespeto sano hacia mi lector, pero no puedo correr riesgos innecesarios, tengo responsabilidades al expresarme públicamente. El presupuesto de que la poesía debe decifrarse para ser me da bronca. Es un juicio exterior que con mis propios recursos no puedo solucionar así que me economizo el esfuerzo simplemente evitando su propagación en lo que concierne a mi obra. Niego el comentario y restituyo su valor a la impresión, cuya falta de rigor pone un agradable peso alrededor de mi propio cuello.

Sobre compartir (más) escritos míos aquí, lo he contemplado, tal vez llegue ese día. El formato me postula algunas dificultades, tal vez las explique otro día para no hacer mi trabajo innecesariamente opaco -lo de un escritor que entrega un producto terminado y místico me parece burdo-. Compartir poesía de otros es tal vez la propuesta que me parece mejor, ¿podría comunicar el estima que me merecen estos textos sin caer en la figuración érudita o el pudoroso silencio? Es un balance que requiere su trabajo aunque su mérito no me parece despreciable. Aunque no soy un recitador excelso, me gustaría poder discutir los textos a viva voz, existe en ese proceso una sinceridad y una concentración especiales que son de mutuo acuerdo y que me temo, no se manifiestan a voluntad cuando se comunica en letra.

Otro pudor más inútil aún me atormenta: la publicación virtual de textos ajenos tiene algo de deshonesto a mi parecer. Mi respeto a los derecho-habientes de la obra de un difunto es limitado, pero robar la voz de alguien vivo es un artificio que en lo íntimo me indispone. Préciso que no me detendrá cuando llegue la hora pues el lenguaje en sí es un préstamo enorme de recursos, una desproporción de plagios. Y lo haré porque mi experimento anterior, hablar de un texto que no está presente, disponible ante el lector, terminó por remitir a una escolaridad involuntaria.

No hay instituciones poéticas, así que hagamos de lado esos formatos e improvisemos un par de pases mágicos. Un buen mago anuncia el truco, e invariablemente distrae a la audiencia.

Saber poeta

Hay más argumentos para malbaratar la poesía que modos de introducirla con beneficio en nuestro cotidiano. Esto es difícil de enteder porque todos disfrutamos la palabra poética, pero tan codificada y tipificada es la experiencia típica de esta, que ante el público general encuentra una enorme resistencia. ¿Cómo así? Me expresaré por un ejemplo para mayor claridad:

Vamos con niños realmente muy pequeños y pongamosle un concierto de música clásica por cinco minutos. Si alguno de entre ellos no disfrutó la experiencia, lo inclinaremos a inferir que por lo tanto no le gusta la música. Les mostraremos a los que si lo disfrutaron diez o veinte minutos más de melodías. A eso se reducirá la experiencia musical de toda la sociedad en cuestión.

Damián me envió un texto que discutía en términos más o menos análogos sobre la enseñanza de las matemáticas. ¿Qué cree la gente que son las matemáticas? ¿qué cree la gente que es la poesía? Se nos figura inevitable que cualquier tradición humana cuya práctica se limite a la escuela termine por parecernos estéril. Solo la experiencia masiva y la confirmación por los medios granjean una opinion duradera.  Necesitamos la reflexión y el estudio para llegar a las matemáticas, a su manera un esfuerzo análogo se debe emplear en la lírica o la melodía.

Irónicamente la mayor dósis de poesía que se intercambia como moneda corriente en nuestros tiempos es, précisamente, la contenida en las canciones. El resurgimiento del rap y la fertilidad del hip hop, son fenómenos masivos que concuerdan en la vigencia de lo poético en el día a día. Géneros densamente poéticos como los anteriores hayan la crítica dura de los amantes de la música pura, y lo mismo por los fanáticos de la lírica destilada. Existe el Slam como expresión menos musicalizada de una poesía que tiene ecos populares. Pienso que todos estos fenómenos indican claramente la legitimidad de la poesía como expresión vigente. De ahí podemos interesarnos en la calidad de dicha poesía.

Decía que se puede atacar la poesía fácilmente, una manera es por su sensualidad. Necesitamos trabajar la palabra en un nivel casi físico, de una experiencia vívida incorruptible, para que tenga la potencia poética que se consigue en los mejores textos. Aquí lo popular sabe errar como también logra su trabajo eficazmente: solo lo primario es tan común que podemos compartirlo como goce, por desgracia quien dice común dice también convencional, lo que suele conllevar demasiado artificio. ¿Bastaría con que este ideal poético fuera alcanzable por el vulgo para descartarlo? A los ojos de gente más elitista que yo, esta explicación puede pasar como válida. Personalmente yo lo achaco a la convención. Lo único incuestionable es que un segundo elemento entra en juego para volver la buena poesía algo realmente inspirado. Casi por contraste, ese elemento es un poder crítico que casi identificamos como social.

La poesía francesa tiene excelente reputación en el mundo occidental (lo digo así para evitar la letanía de características particulares de otras grandes poesías, china, persa, etc.),  y aunque sin duda parte de su grandeza se debe a la difusión, otra parte consiste en su extraña sensualidad casada con su pensamiento. Los franceses practican una literatura concreta, historicista, les interesa el realismo y el fenómeno del lenguaje como realidad, lo que les sirve de punto de vista analítico para más o menos todo. ¿Podemos decir que un filtro sigue siendo un filtro cuando se activa de inmediato? Nuestros ojos son filtros por lo que vemos el mundo y por ello, de hecho, lo que vemos es el mundo. Tan apegado es el pensamiento concreto y práctico a la sensibilidad, que la poesía francesa se vuelve un fenómeno efectivo y distante a otras poesías menos artisanas.  ¿Le brindamos una dimensión nacional por pura coincidencia? Hay que referir a una cultura concreta para describirla, ¿sería así de efectivo en un espacio físico distinto? ¿será una verdadera relación de causa y efecto?

Otra lírica prominente nos muestra el camino inverso, la poesía italiana del renacimiento es simplemente brillante, pero perdió parte de su brillo conforme la atmósfera creativa de la época se exportó al resto del continente. El florecimiento científico e intelectual sería directamente proporcional a la capacidad de expresión poética.  ¿Nos debe sorprender que una deficiencia en la educación de una cultura la hiera?

Escena del crimen

En la cultura de lo inmediato se levanta un nuevo tipo de muro que protege lo sucio de nuestras imágenes, de nuestras vidas. No fustigaré lo espontáneo, sería condenar a todos aquellos que dicen estupideces y no saben, cuando de ellos se espera pretender. Podemos discutir de como las imposturas, convenciones y otras mentiras no son literatura pese a ser ficción, pues carecen del lado estético que nuestros artes presuponen. En fin, hablaríamos mucho antes de explicar cómo Twitter puede ser un arte cotidiano sin siempre serlo.

Conceptualmente el cotidiano no es inmediato, y sin embargo ¿qué medio mejor para evitar que con él constituyamos narraciones voluntarias? Sin tiempo para la nostalgia y en desorden, la respuesta instantánea dice más de lo que hacemos cada día que lo que un diario íntimo podría comunicar. Es simple: responder es una acción, nuestro cotidiano se vuelve la publicación de fragmentos y pensamientos, muchas veces innecesarios o poco inspirados. Piensen por ejemplo en el jovencito que siempre -o nunca- tiene la razón y que cuando alguien se niega a aceptar sus palabras como evangelio se dedica a insultar a los demás como si esto le prestara un placer legítimo. Los inteligentes se creen superiores a los demás y esto lo actúan, sus tristes comentarios instantáneos solo rectifican ese valor diario.

Dije que la escritura típicamente cotidiana se corrige, cabría decir que esto no es una necesiad sino una convención. Por lo general los escritores buscamos conservar el mito de que la escritura es una acción completa y que gracias al esfuerzo en llevar a cabo una obra, esta gana validez y merece admiración. Si nuestro oficio consistiese efectivamente en escribir cualquier cosa, no habría nada más superficial que el ser corregido. Del mismo modo, el comentario a tiempo cero no es más ni menos literario por falta de trabajo, lo es simplemente porque su contenido no atina en ser un objeto mayormente estético. Es sin duda parte de lo cotidiano, no sabríamos decir si esta naturaleza oculta o suprime nuestra verdadera vida.

Por supuesto, lo instantáneo es un formato. Entre el sinúmero de autores potenciales que un fenómeno como internet puede incluir, muchos encontrarán el método de incluir un cotidiano significativo y sensible en sus publicaciones. Esto es simple estadística, los requisitos de la belleza son naturales, pese a que el amor al artificio forma parte de nuestra hermosa cultura. Se consigue la escritura cotidiana, todos los días, en lugares como Twitter o Facebook o en foros, sin que esto alcance los arcanos inmortales de las letras dichas humanas. Esto no hace la costumbre menos bella, solo confirma un hecho irrelevante que sabemos todos desde que nos lanzamos a perseguir este valor estético: es algo poco apreciado.

Ya les di probablemente todas las pistas que se le pueden dar a alguien en el curso de varios días para que sepan sin lugar a duda dónde está el cotidiano. He sido explícito, he lanzado argumentos distractores, pero hablando de contemplación, de algo poco apreciado, de la belleza abundante y todo ese rollo, ustedes saben de qué estoy hablando. Son demasiado inteligentes para no saberlo, joder, no me hagan escribirlo.

¿Cómo se me ocurrió hablar de todo esto? Pues es como la búsqueda de una verdad científica para explicar la cotidiana genialidad de Valeria Tentoni (que conozco solo por tweets y blog, abrazos), como trataría de explicar la maestría verbal de Saer y sus indios o el ingenioso invento de nombre Godzilla. Lo que nos gusta a los intelectuales de pacotilla debe ser descrito hasta la fatiga, porque así son nuestras mentes cochambrosas y pesadas. Y por supuesto para mí es un ejercicio que todos deberían de clonar en cierta manera. Además, toda traducción es homenaje y es seguido de lo que tratamos por aquí.

Así que estamos de acuerdo: el cotidiano es de la poesía. Que nadie se de por engañado en mi relato policial.

Fatigando el tema

Pretendo cierta afinidad a la discusión literaria por internet, si la practico de una manera casi responsable es que hallo dignidad en el propósito. Me hago el desentendido cuando se trata de la crítica respecto al idioma español como herramienta masiva de intercambio, la audiencia será todo lo reducida que pueda ser, pero sería un contrasentido tratar las letras en un idioma ajeno al propio. Imaginen que se requiera leer francés para conocer la literatura latinoaméricana o de otras partes del mundo, la absurdidad tiene algo de grotesco. Se entiende pues, que la prosperidad de una comunidad literaria en español se me presente como una necesidad. Me aplicaré a un comentario en este sentido.

No es fácil abordar la literatura en internet como un hecho. Muchas condiciones se requieren: escritores y críticos serios deben abrir un espacio propicio para el intercambio, la audiencia debe participar, las decisiones serían paralelas al mercado literario. Es indeseable la discusión agotada sobre los autores de siempre, porque son de la facilidad, y balancearemos con respecto a este hecho que los desconocidos o incluso los grandes nacionales, pueden hallarse fuera del radar de un lector que voluntario, participaría a una discusión productiva en las letras. La dificultad ya va medio enunciada en este párrafo: sin todo esto nos quedamos sin literatura. Otra condición necesaria y paradoxal: todas estas redacciones se desean en español.

Siempre hay una tentación de incrementar la audiencia por internet usando el recurso del idioma inglés. Los contenidos suelen generar sus respectivas audiencias: hoy en día estos son mayoritariamente en ese lenguaje. Con la literatura y la producción creativa invadimos un espacio en donde la pérdida del lenguaje no es deseable, lo que de ningún modo es una evidencia. Sabemos que Vladimir Nabokov produjo la segunda parte de sus escritos en inglés cuando su lengua nativa era el ruso, esto en una producción artística que podemos considerar primaria, ¿no es comprensible que una tarea menor como el texto de internet pueda delegarse igual o más fácil? La decisión recae en el autor y sus capacidades. Cuando un escritor absolutamente mediocre cambia de idiomas a nadie le importa de todos modos.

He hablado antes de la preminencia poética en línea, es una producción que no puede traducirse sin consecuencias. Todas las letras, al llegar a la red, se impregnan de particularidades poéticas. Se enuncian mejor en lo personal que en lo general -alguien que solo reproduce comentarios de otros se remplaza sin dolor por un robot-, reniegan de la economía convencional -la poesía no es un género idóneo al éxito editorial-, se prestan mejor a los tiempos inmediatos y a la transmisión difusa gracias a una menor longitud, son del intercambio y la situación más que de la pura experiencia de lectura. Sí, me parece atinada la sentencia, al querer una literatura en línea nos enfrentamos a las numerosas dificultades que ya se han opuesto al poeta en el pasado. Entonces se entiende la importancia de el idioma, es una cuestión que favorece el estilo en vez del contenido, topos poético por excelencia.

Pienso exigir demasiado, pedirle a la gente que escriba es solo natural, pedir poesía…

Los lectores del español deben dejar de profesar tanto respeto a todo el mundo, un poco de insolencia nos hace bien pues nos pone de frente a nuestros errores. Hay que cometer errores, hay que leer mal, son riesgos que bien valen lo que uno obtiene después. Además hay que dejar de decir cosas como “leer tal o cual autor es necesario”, uno solo debe leer por interés y no por fama, en nuestras letras hay muchas gemas por descubrir que no siempre logran escapar el fenómeno local. No podemos quedarnos en lo local, el interés y la discusión por autores nicho es de suma importancia. Por eso mismo, no podemos guardar un silencio respetuoso como si se ocupara permiso para presentar los misterios de un excelente autor. Es compartir una buena noticia ¡una dicha!

También la poesía.