Trazos de luz

Como la abolición o infracción a la ley injusta es moral, también los valores estéticos se definen en la medida que generan un bien mayor, un goce primario. Porque damos por entendido el goce que hay en la página bien escrita, en esa que emplea todas las formas canónicas de la palabra para su mayor efecto, en lo que sin perseguir segundos sentidos podemos tener por “bien escribir”, sin jamás negar que una forma antigua de la palabra se presta también a sus propias bellezas, como si el antepasado que nos es común se resistiera al uso de una palabra pobre, como si hubiese sido un hombre que gozaba y existía pese a su actual y abrumador estado de muerte.

El lenguaje es cambiante sin que se vuelva de inmediato irreconocible, la poesía se emplea en la transgresión de reglas gramáticas rígidas para alcanzar bellezas que son próximas y no nos agreden con sinsentido. Caemos en cuenta que entendemos muchos más lenguajes posibles de los que hablamos, que el cerebro precogniza figuras inadmisibles, íntimas al subconsiente, que no podemos volver palabra pero que reconoceríamos como tales de existir. Así se forman las nuevas palabras, así se formaron las actuales, en el ir y venir de este proceso oscuro que es el (re)conocimiento del habla, algo que practicamos desde la más candida infancia sin que en realidad nadie nos lo logre desentender. El poeta se aplica en lo que es de su naturaleza.

Las legislaciones de la lengua no pueden ser sino adecuadas a su práctica, antes de ser algo formal existe lo hablado en el intercambio, como moneda corriente y viva. El idioma es también de su autobiografía, es el esquematizar mecánico de lo fluído y la compartimentalización de la naturaleza. Somos hablantes taxonómicos, quisiéramos (en su incoherente imposibilidad) que haya una palabra para cada cosa, de hallar los sentidos en la irreflexiva definición, cuyo valor sería ajeno al lenguaje y modular, ejercido por una potencia elevada que, en lo que nos concierne, podría ser Dios o el demonio, o el extraterrestre con cara de hormiga en Depredador.  Si queremos que nuestra ciencia hablada se sobreponga al universo tenemos el vicio de la frase mágica: ninguna metodología roba el caracter autocontenido de la descripción, la reflexividad es una de las primarias fases del lenguaje que précisamente lo distingue de las otras formas (infinitas) comprensibles. Porque no importaría tener sentido en un universo de descripción, sería más relevante ser el sentido que pregonamos (aunque por ello uno se reduzca). La ley que quiere reducir para incrementar el valor es de una economía negativa y no debe extrañarnos que se desangre a nuestras prácticas sociales más arraigadas. Sin duda para muchos y sin extrañeza tener solo dos padres es más valioso que tener tres o cuatro padres. Algo de irreflexión lo explicaría.

La belleza no se detiene al constatar cada evidencia, diría précisamente que al ser bello un objeto se rehúsa simplemente a existir. La estético es una imposición exterior, un esquema que se desata en el universo y que está desatado del mismo, es précisamente lo análogo a la moral que no busca regir en un mundo literal, sino dar preceptos para acercarse a una dignidad que añoramos précisamente cuando nos es ajena. Porque reflexionar en sí mismo es inefablemente hablar de los otros, no es modular el lenguaje, no es una identidad rígida que pueda siquiera reducirnos a ser solo una cosa y no ser otra, su función es más ciega y volátil que esto, es más que las pobres evidencias que nos ha impuesto el aprendizaje de la convención (créer que lo convenido importa más que nuestra versatilidad de adaptación). O en las palabras de otros, elegir entre lo dicho y cómo se dice. ¿Por qué elegir? ¿quien tuvo la brillante idea de crear el más extenso aparato legislativo para agrandar la libertad?

No perseguimos el bien y el mal que ya somos. Nadie se emboba en una evidencia. Entiendo que hablar por hablar es un ejercicio que en su caracter inusitado nos recuerda que no es de naturaleza racional el lenguaje y que de ahí nuestra desconfianza para con él es por lo menos sano o por lo menos bello. Como la ley justa que da mas libertad.

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Estos días se me ocurrió la posibilidad de tratar el tema de la forma y el fondo, conceptos que en mi modelo de crítica literaria, no tienen mucha relevancia y casi se puede decir, restan indefinidos. Un par de necesidades rebuscadas se me ocurrieron: la primera es evaluar estos conceptos en términos de sus “équivalentes” en mi sistema propio, estos van por el nombre de ética y estética, solo que la tarea es más ardua de lo que parece y me desviaría mucho del objetivo original; la segunda posibilidad, más directa, consistiría en proponer cómo hay algo de inevitable en la distinción de forma y fondo, señalar sus aplicaciones concretas y luego argumentar sus límites, abriendo posible paso a la discusión sobre las dos E que mencioné anteriormente. Ambos métodos me parecieron inadecuados, habría qué procurarse una tercer vía.

Primero, ¿a qué se debe mi escépticismo en cuanto a los métodos sugeridos? En el primer caso la analogía entre mis conceptos y la forma-fondo es una impostura. Aunque el valor estético de los objetos artísticos es prominente, yo empleo este concepto a prácticamente toda aplicación humana, nos podríamos emparentar con la letra y el espíritu de la ley, dicotomía tan poco justa del todo y distinta realmente a la presentada en forma y fondo. No debe sorprendernos esta distancia: mis conceptos fueron propuestos precisamente al hallar que los anteriores tenían una especifidad muy grande en sus respectivos campos. Son muy precisos y yo detesto discutir en modos tales que la definición debe hallar un valor concreto inefable. Y esto también se explica: buscar una definición perfecta es tranformar el pensamiento en palabra convencional, rechazar el modelo dialogal y buscar el monólogo formal. Detestable proyecto, veamos las dificultades del segundo ejercicio.

El listado de justificaciones y de accidentes que promulgan la diferencia entre forma y fondo no es ardua, casi se trata de una evidencia. Porque precisamente, la existencia de estos conceptos no es propia al análisis literario, es de cierto modo una reducción de conceptos artísticos, casi diríamos arte pop. Eso suena grosero al arte pop, mejor digamos que es divulgación de crítica literaria. En estas circunstancias es más fácil simplemente afirmar la forma y fondo, haciendo el pasaje de su negación un poco artificioso como entrada, luego tal vez me vería obligado a explicar bajo que circunstancias se abolirían forma y fondo para luego reivindicarlas. No obstante, sería un error proponer estos elementos como algo dado, tampoco perseguir una definición complicada en términos gramáticos sería feliz, creo que estos métodos están condenados al fracaso.

Entonces: fondo y forma, forma y fondo. Entreveo un discurso digno de ser entrada a esta distinción. Trataría de explicar en qué sentido el fondo se encuentra en la forma y que buscamos la forma necesariamente en el fondo. Hay en la discusión misma de ambos objetos una tésis de igualdad, o por lo menos de existencia simultánea, de coincidencia. Si propusimos términos distintos y próximos, es que los conceptos son dignos de confundirse, no hablamos en realidad de fondo y de forma sin oponerlos, existen, para su propio beneficio, en la oposición. Este es un espacio sémantico bastante empleado y a la vez bastante vago, tenemos por ejemplo la oposición bien y mal, es más artificial buscar la definición de uno o de ambos para explicar el fenómeno que discutirlos como conceptos enfrentados. ¿Cuántas malas pláticas filosóficas no tratan de definir el bien? ¿cuántas se empeñan en el esfuezo vano de separarlo del mal? Y aquí la cosa no es tan dual como con fondo y forma, ya que muchos descreen en un bien mayor, mas reconocen el malestar concreto.

Pienso: se trata de una evidencia. Uno no busca la evidencia. Nos debemos comprender la diferencia forma y fondo, si no es ridículo leer al respecto. Tiene algo de unamuniano el argumento: para negar estos conceptos uno debe formarlos primero. ¿Qué mejor demostración de que fondo y forma son cosas que de hecho existen?