Sin título

En cette année malheureuse, je perdis mes mains, mais gardai mes poignets. Ce n’était pas satisfaisant. Il fallut m’en contenter. Il s’installa dès lors en moi une large nappe de calme. Je n’avais jamais été si calme. Le désespoir vaste avait reculé mes bornes.

De là, mon calme, de cette grandeur accrue. Bien malgré moi! Et je circulais dans le cirque immense de mon malheur.

Je fus toutefois tout près de le perdre. C’est qu’on voulut, par artifice, me redonner des doigts pour remplacer les autres et faire face aux nécessités de la vie. J’hésitais. Enfin je dis « non » et je retrouvai ma paix. Ce sentiment qui est si grand, il faut bien que ce soit la paix, sinon ce ne serait pas supportable.

Parfois pourtant je pleure, je pleure, je n’en puis plus, je pleure traversé d’incessants coups de sifflets, des hurlements plutôt, mais si rapprochés qu’ils sont comme des coups de pique et tous ils hurlent en moi, ils hurlent :

« Tu as perdu tes mains! Tu as perdu tes mains! Malheureux! Tu as perdu ta vie… »

 

¿Por qué este texto?

Siempre en contacto con la inmensa literatura de habla francesa, Henri Michaux es como un muro que sigo a tientas al recorrer su laberinto. Propongo un descubrimiento que en su obra efectué hace poco.

 

¿Qué puedo añadir a esta obra?

Para ser servicial a mi lector y a la vez honrar el tono del texto, presento una tentativa traducción:

En este año desdichado perdí mis manos, pero conservé mis muñecas. No era satisfactorio. Tuve que contentarme. Desde aquel momento se instaló en mí un extenso pantano de calma. Jamás me sentí tan en calma. La vasta desesperanza cercó mis márgenes.

De ahí, de esa grandeza aumentada fue mi calma. ¡Muy a mi pesar! Y yo circulaba en el circo inmenso de mi desdicha.

No obstante estuve cerca de perderla. Quisieron, por artificio, devolverme los dedos para remplazar aquellos y enfrentar las necesidades de la vida. Yo dudaba. Finalmente dije “no” y de nuevo hallé mi paz. Este sentimiento que es tan grande, a fuerza debe ser la paz, si no esto sería insoportable.

Sin embargo a veces lloro, lloro, no puedo más, lloro atravesado por incesantes silbatazos, o más bien alaridos, solo que tan frecuentes como si fuesen golpes de pica y todos gritan en mi, gritan:

” ¡Perdiste tus manos! ¡Perdiste tus manos! ¡Desdichado! Perdiste tu vida…”

 

Una felicidad del texto.

La disimulación pudorosa de la violencia en el texto, la circunstancia de la primera frase, las imágenes. Además, lo visceral de su abandono.

 

Otros que me lo recuerdan.

Los ríos profundos de José María Arguedas tienen algo de esto.

 

Deseo.

Siguiendo el anterior comentario, traducir el texto al quechua.

 

Un azar técnico del texto.

La longitud. El rigor sugiere que si subo algo aquí, una duración determinada se implica. Para la poesía en prosa, cuya rememoración no es evidente, este es el tipo de extensión adecuada.