Práctica en Santa Fe

A Responso de Juan José Saer le corresponde el sustantivo nouvelle, que en francés ambiguamente relaciona a la novela corta con el cuento. La trama sencillísima se rehusa al estilo compacto del cuento convencional y así alcanza una longitud, pero no destruye, a mi entender, la coherencia estructural propia a la forma corta. Casi diríamos que es un texto conteniendo su propia crítica.

Hablamos de una Práctica cuando Eleanor Catton publica The Rehearsal pues se justifica el texto como una entrada en ficción, en estilo, para lo que será la obra del autor  en oposición al centro de su Obra. Saer no es menos consiente de su situación en la periferia literaria y le parece adecuado trabajar también desde el exterior, construirse un camino hacia la Práctica saeriana. Lo que hace de este texto un objeto tímido, controlado concienzudamente y voluntariamente ejemplar. Trata de ser más rigurosamente perfecto y menos literario que obras posteriores. Aquí tal vez nos recuerda más a la literatura argentina.

En Responso aún encontramos elementos que nos recuerdan a la literatura de Roberto Arlt, a quien podemos considerar el novelista de referencia para toda una generación de escritores argentinos. Más que una imitación podemos entrever un homenaje a la estética bajeza que Arlt supo escribir. A este fondo común lo revestimos con la carnal realidad propia del santafesino, a su manera peculiar de ligar los personajes con sus actividades, al estatismo y el fulgor que constituyen los polos de su narrativa.

Podemos hacer un paréntesis para tratar de inventar al héroe del texto de Saer. No se trata de alguien marcado por un destino excepcional, como en la épica (no hay un dominio genético o familiar, el código de protagonismo parece ser social, entre amigos), tampoco responde a la pura oportunidad como suele ser perceptible en la vida común y corriente. Hay algo que parece ligado a los momentos en la vida, los protagonistas mismos parecen existir en ausencia hasta que una sensación los impulsa hacia la acción. Es gente que resucita. Estos caprichos de la energía humana no dejan de recordarnos los principios con que Balzac construye su Comédie.

La trama es en cierto modo un viaje précipitado hacia el infierno. Nos recuerda a las Almas Muertas de Gogol por su ambientación y su ritmo escénico. Contrario al sistema de la novela clásica la lentitud no se debe a un esfuerzo de crónica material, sino a un minucioso detalle sentimental y de impresiones (que no son sicológicas en un sentido propio). Por toda la miseria que se lee en las acciones de Barrios, podemos notar como posee una vida interna que desafía nuestro imaginario de simplificación. No se trata puramente de desintelectualizar la caída de un hombre culto, se trata de superar su simple representación y tratar de ambientarlo en un espacio parecido a la vida. Es interesante que en el proceso solo encontramos describible la vida como algo excepcional y que en su regularidad se nos vuelve irremediablemente ajena.

No es un mal libro, mas dista verdaderamente de ser una lectura obligada. Lo recomiendo para quienes conocen al autor y que desean conocerlo en los parámetros de una mas novela convencional. Si Saer hubiese permanecido en este nivel narrativo hubiera sido un autor interesante, pero nada que reivindique otro tipo de trascendencia literaria. Pero sabemos que no fue el caso.

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