¿Primer sentido?

La literatura está llena de sorpresas, algunas tan sencillas y vagas que no tomamos el tiempo de comunicar. Es razonable compartir estas minimas experiencias con otros lectores si a estos les agrada la anécdota (si creemos a los números que logra la autoficción en recientes años, el voyeurismo de los lectores es una supocisión razonable). Leer nos convida con impresiones donde otros pueden identificarse y de esto también está hecha la lectura.

Uno no puede resignarse a las lecturas sugeridas por la autoridad o las amistades, sencillamente porque esta mentalidad nos priva de descubrimientos potenciales o de refrescar nuestra propia visión de las cosas sin pasar por la proxi del amigo. Conocemos a un autor al leerlo, a veces experimentar de algún modo su reputación puede herir nuestra primera impresión o invalidarla. Hablo en términos générales, nunca me he topado con un caso tan grave. Así pues, es frecuente que la novedad nos decepcione o un texto que parece coherente se desbarate frente a nuestros ojos. Muchos textos así no los termino.

Creí, entrando a Bartebly y compañía, que sería un texto que no lograría terminar. Después de unas cincuenta paginas habiendo reconocido un poco el mecanismo del texto llegué a la conclusión de que no sacaría mucho de él y me propuse deshecharlo y seguir en otras lecturas. Solo que el libro era corto y tampoco trágicamente incómodo así que me opuse a esta impresión inicial y perseveré en la lectura, virtuoso. Ya han de suponer que terminar el texto no cambió mi opinión, hubiese podido prescindir de su lectura sin perder nada, excepto esta impresión que busco narrarles. Lo expreso de este modo para que entiendan mi pensamiento al llegar al fragmento que sigue, a ese que me pareció doloroso continuar leyendo.

¿Por qué doloroso? No précisamente porque lo hallara mal escrito, desde que lo abordé entendía exactamente lo que el autor trataba de hacer y esto solo se añadió al agravio. ¿Alguna vez alguien les ha contado un chiste extenso que ustedes no conocen pero que fácilmente califican y entienden antes de que el otro lo cuente? Y así, al escuchar esa broma o ese juego de palabras en devenir, reconocen los acentos, las exageraciones y toda la formulación que busca enzalzar el final, la nota maestra que persigue la risa. Es extraño reconocer esa pena en que el humor ya no puede sorprendernos y sus maniobras de narración se manifestan como una torpeza. Yo creo que Vila-Matas sabía que estaba escribiendo un texto penoso y algo ridículo, incluso puede que su extensión (de siete u ocho paginas que parecían eternas), buscaba acentuar esta incomodidad. Y uno pensando “¿por qué me haces esto? ¿no vas a terminar con tu cuento? Ya entendí”, tratando de persuadirse que Vila-Matas ejemplifica un grupo de experiencias ridículas, de no-relatos sobre el encuentro con un autor que vela por su privacidad, de esas que no dicen nada pero que a falta de otras référencias parecen las únicas autorizadas a presentar el rostro de esos escritores que viven pasivamente su personal misterio. Y en esto me gusta pensar que reconozco el efecto, a como lo describo para ustedes entiendo la coherencia del mecanismo pero descarto el enredado método que el autor emplea para comunicarlo. Escribir un texto que da pena leer para comunicar la incomodidad es tal vez el peor efecto que uno puede buscar.

Insisto en que Vila-Matas incurre en este agravio a propósito pues justo después de este pasaje que calificaremos de torpe, vuelve a la materia de la escritura y se pone a citar a Borges cabalmente. No me importa si esta transposición juega en desfavor o no del autor argentino, para mí en testimonio del paralelo entre lo grotesco y lo formal de la literatura. Por otro lado, no es tan fácil justificar la expresa mediocridad de todo el mecanismo que sostiene este mismo texto, que consistiría de algún modo en sugerir a un narrador que escribe de modo pobre y por su medio justificar una redacción mal preparado o sin estilo elocuente. Si uno se pone a enunciar de manera dudosa ideas medio descosidas con de una manera poco estética y un poco a la brava, puede tomar ejemplo de un servidor y escribir en un blog sin mayor pretensiones. Bartebly  y compañía es dispar y si uno se empecina en justificar esta rareza apelando a un realismo manifesto, ha perdido la brújula en lo que respecta a la funcionalidad de la ficción. Tanto y dejar de escribir entonces.

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1 Comment

  1. No he leído Bartleby (el de Vila-Matas), pero me has recordado mucho las sensaciones que tuve con Doctor Pasavento, que no hice por terminar. Creo que Vila-Matas, al que considero un gran escritor (me encantó Paris no se acaba nunca), tiene en su imaginario, en su mundo interior, unas obsesiones que no comparto, y de las que no soy en absoluto su público. Creo que son las mismas que apuntas aquí. El escritor que busca desaparecer y todo eso.

    No puedo valorar si la técnica escogida, conscientemente sin duda, por él funcionaría conmigo. Pero me gusta, pese al riesgo de cometer una injusticia con él, haber leído esta opinión.

    Gracias!

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