En razón de los siglos

No tiene mucho caso desvivirse en hallar nuevos modos de deslindar a la literatura de la memoria y crear con ella una esfera vigente más allá de las realidades concretas que se vincularon con ellas. La codependencia entre ficción y realidad es algo más o menos realizado, sus interacciones complejas no merecen ser barridas a priori por un propósito argumental, al menos no si se pretende cierta vigencia intelectual frente a los fenómenos del habla que experimentamos y que tratamos generalizando bajo la bandera única de la lectura. Por fuerza la reducción a modo inverso que inclinaría a las letras y a la vida hacia la identidad absoluta nos induce a errores también desproporcionados.

Pensemos en números pues nuestro cerebro se debe una cierta coherencia secuencial y a veces formas o representaciones listadas tienen un poder de estimulación mayor que mis hemorragias verbales. ¿Cuántos poemas hermosos existen dedicados a algún rey o un hombre politico ensalzable? El número será necesariamente limitado por cada autor, su capacidad de poblar los siglos por otro lado acompañará la aventura humana por mucho tiempo. Recordemos otros eventos y otras historias, ¿cuántos poemas habrá dedicados al primer paso del hombre en la luna? No sería un lector del siglo XX si no conociera algunos, sin embargo argumentaría que la descarga simbólica de este paseo fuera del orbe celeste no sabría hallarse multiplicada en textos innumérables. Las bellezas de la poesía no son instantáneas y no responde por método o designio a cada método o síntoma de una era, realmente se fundan en circunstancias fundamentales, en conceptos que atrapan nuestra imaginación y que pertenecen en ella sin que sean arrastradas por otras distracciones por venir. Hay una permanencia de lo sensible, tiene su propio rango historico en que los hombres nos fusionamos con la palabra, con lo que llamamos universo.

Se distingue por consecuencia una historia del poema que, si se quiere, puede constituirse como una estructura de todos los poemas escritos sobre cual o tal cosa. Es una realidad borrosa y desigual, primeramente por nuestros limitados y cambiantes conceptos de lo escrito (ignoro la cantidad innúmerable de poemas perdidos al inicio de lo que fue internet), luego por una revolución en nuestros propios sentidos, en la expansión de nuestros horizontes. No sería una fuente homogénea de productos ni de emoción, desconozco si esta lentitud agobiante se debe a la carencia de instancias capaces de reconocer y validar lo poético sin caer en lo inmediato de la novedad. Y esto es algo confuso pues el valor historico de la ficción parece relegar a nuestras palabras a un hecho en el tiempo, solo confirmables por sus efectos a posteriori y formuladas sin verdadero conocimiento de causa (luego sin sentido y sin valor).

Aclaro que dicha vigencia poética tampoco es idéntica al contexto, un espacio poético sensible puede hablar sobre una videocasetera y muchos lectores de varias generaciones podrían vincularse con dichos versos por hallarse próximos a la época donde este objeto cobra todo su sentido. No nos alineamos a la idea del hombre providencial con carácter divino, aunque pensemos comprender la distancia ideal entre los hombres y el rey (receptáculo privilegiado de grandes poemas) nos quedamos cortos ante su valor inmediato de realidad. Quiero decir, reyes existen aún pero no somos sensibles a ellos, podemos ser sensibles al primer hombre que llegó a la luna sin que forme parte de nuestro espacio vital y a sabiendas de que nuestra realidad no se ensaña en repetir estas proezas tecnológicas con el ensueño de los años 60. Esto no refuta la belleza de las obras que no existen en esta misma esfera de sensaciones, précisamente el problema es que los siglos no ha logrado que los elogios versados sean repulsivos y los repetimos entre dientes con una mezcla de horror y confusión.

Afortunadamente somos de esa generación que atesora la sincera ignorancia, nuestras palabras la profesan y la explicación de cualquier objeto se halla a unos cuantos gestos maquinales en alguna base de datos. No es de saber el poema ni el pensamiento, están aún hoy día, fuera de nuestros menoscabos y nuestras historias que muchas veces se terminan antes de empezar.

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