Desmente

La capacidad de elegir es propia del hombre. En este caso, por supuesto, los animales son hombres, porque el hombre es discreto y único mientras que al animal lo amontonamos en una masa deforme. No es menos elector el animal, aunque no sea para nuestros conceptos, muy poderoso. Elegir se asemeja al gesto de imposición, a la mano del poderoso, pero es solo una intuición falaciosa: elegir es para quien toma decisiones, un abandono, un sacrificio.

Dice el narrador omnisciente de Spider-Man que un gran poder implica una gran responsabilidad. Ambas nociones se encuentran en el modelo de la decisión, ambas derivan de esta. No hay poder sin decisión, sin decisión de antemano, no hay responsabilidad tampoco sin ella. Así que la elección antecede al poder, es su fuente demiurgica, al elegir, como al iniciar un texto, iniciamos una línea consecuente que crea un universo en que la decisión es aceptada. Ninguna acción puede corregirla, no hay verdaderas oposiciones, todo es consecuencia.

Por esto toda decisión es de cierto modo estética. Nos queda siempre esta impresión de fluctuar entre lo correcto y lo equivocado, hablo casi de la geometría que deriva de nuestro cerebro verbal, de una función matemática y no de lo que podríamos pensar un estado de lo moral. Cuando se habla de bien y de mal no se puede hablar de “ética” sino de “estética”, pues hay simetría. En todo caso, no se pueden diferenciar libremente ambos conceptos, pues se hallan en un estado imposible: aquel que precede la decisión, la ignorancia de lo que será.

¿Cómo llegamos al momento antes del tiempo? El lenguaje lo entiende por un absurdo, por un estado previo al axioma, entiéndase, un idioma sin definiciones. Yo le hablo de ética y de estética como entidades similares, que se traslapan, pero a la vez borrosas; si uno parte de una oposición entre ambas -como suele partir la crítica del arte-, ya se ha asumido un universo y una definición. ¿Y antes? Antes aún no hay nada, el idioma literalmente nos traduce un sinsentido y una inconsecuencia. Es gracioso pensar que cierta definición de libertad derivaría de esta circunstancia: si la libertad es tener la capacidad de elegir, antecede a la situación, no es nada, no asume definiciones, es incoherente. La libertad es una incoherencia, pero no es la mejor incoherencia. Encontraremos otras, el sistema semántico formula nuevas y mejores contradicciones cuando se asume cualquier lenguaje, en las múltiples deliciosas elecciones que se nos presentan se vislumbra un universo de posibles, la variedad matemática que va poco a poco desnudando la realidad, una realidad (nunca toda la realidad).

Para decir que en gustos no hay lógica, y que las extrañas sensaciones estéticas que a veces tomamos solo tienen más sentido bañadas en medio de una enorme contradicción. Hablo muchas veces de variedad pero el asunto no consiste en realidad en objetos de diversas índoles, estamos hablando verdaderamente de <em>periferia</em>. La belleza de lo que no se puede ver, de lo que está más allá del campo de lo probable. Es verosímil que el objetivo de la ficción y del lenguaje estén en el carácter intangible de lo insospechable, por fuerza inefable. Intuitivamente real. Sentimos las diferencias, esto no es arduo. Creo en la predicción de la periferia, que además no es el futuro si bien nuestra identidad es también varia, no estamos en el espacio del otro, ni del censurado. Cuanto más lo pienso se me figura que nuestro futuro es como una periferia también, y que en su negación consiste la afirmación del presente, caemos luego en cuenta que el futuro no fue, que la inconsecuencia de toda decisión está predicha en el instante que conocemos como presente y que todo pasado está ya fuera de nuestra vista, en un sitio tan distante que ninguna palabra puede tocarlo.

Cuanta contradicción ¿no? En vez de buscar en el pasado un sitio anterior a la decisión o a la elección misma nos empecinamos en buscar allí el resultado de nuestras acciones, de hacer un hilo de consecuencias, como si la historia se repitiera, ¿cómo puede repetirse si no existió en primer lugar? ¿por qué

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