Casos de trazos

Incluso quienes descreen de la poesía como proyecto estético vigente estarían prestos a admitir que la calidad de la misma es dispar, que mucho de lo lírico puede ser tachado de mediocre, de febril, de impropio. Por ende, hay alguna estética en el asunto, los poemas no cedieron su papel de objeto bello porque el lector olvidara cómo reconocer un metro o valorar una imágen, sencillamente el espectador distraído de los pequeños milagros líricos empezó a mirar en otros sitios, dejando a los vates enajenados en una esquina. Para sobrevivir a los ojos del mundo, o mejor dicho, como la humanidad necesita un mínimo de poemas para sobrevivir, este ejercicio verbal se fue sangrando a otros medios, tomando nuevas formas. Muchas son desestimadas por motivos varios, pienso que el primero de todos es suponer la poesía como un arte de iniciados, como su situación de mundo aparte que fue más su castigo que su verdadera naturaleza.

La práctica editorial tiene que lidiar con la realidad de estos juicios un poco arbitrarios, hacer malabares con el adjetivo poético que a los ojos de unos es peyorativos y a otros se les presenta con imperiosa necesidad. A la hora de imprimir, el poema tradicional es fuerza de convicción, nadie se hace rico publicando/escribiendo poesía. Es en los géneros más empleados como novela o biografía en que la asimilación con la lírica carga con un sentido dudoso, o debieramos decir, solemne. Ser género es dar a esperar, es entrar en el juego de supuestos que los lectores deben traducir con alguna certeza (a riesgo de sentirse ridiculizados y excluídos del hobby que efectúan con placer). Si leo una novela es que quiero darle rienda suelta a mi gusto por la narrativa, al hermanar dicho texto con los poemas en cierto modo traiciono esta voluntad de claridad original en que se me explica como a un infante lo que pretendo leer.

Para lo que concierne al arte y a los valores, la sociedad dicha occidental pregona una suerte de culto a la pureza, de especialización metódica. Tenemos a lo híbrido por producto secundario, una mala destilación de fuentes puras que logra hacer un poco de todo, mas nada logra del todo bien. Si una novela es poética, la tendremos por un poema mal logrado o de algún modo, por una narración disjunta. Entonces usar el adjetivo de lo lírico en un objeto artistico otro, se puede leer como un insulto. A veces el sentido escapa a este rigor y se le toma como una acumulación feliz: es todo lo bueno que tiene una novela y además tiene dichas que nos brinda la poesía. Ambas lecturas son primitivas pues no dan cuenta de lo inevitable de la poesía y de su influencia en cualquier estilo. Tomo un ejemplo de Yôko Ogawa, cuya escritura no sabría bien describir sin pasar por el poema.

Yasashī uttae tiene por método el de la creación del ambiente, de concebir un espacio sensible en donde el silencio predomina y una tensión subyacente se deja crecer. El juego de lo sensible, incluso de lo audible, es manifiesto en su deseo de alcanzar una belleza de seducción. Esto es jugar con lo poético en primer plano, manejar su materia como se manipulan los deseos sicológicos de un personaje o los eventos controlados por el azar para dar a los textos algo de infalible. Es un texto muy emocional, por lo que se sucitan fuerzas análogas en el lector, se le lleva a un espacio de sentimientos convencionales, sí, pero magnificados en la fuerza del estilo. Un texto así no existe sin poesía y de un punto de vista editorial, no sabría interesarle a un lector casual sin el abuso atinado de la evocación.

Imposible asimilar a Yasashī uttae con un texto de iniciado, es accesible al punto de parecer fórmula. Nada más predecible que la lenta trama, nada más aburguesado que su temática sentimental, nada más comercial que su contada y ligera brutalidad. El mercado japonés reniega de la distancia tradicional entre texto literario y entretenimiento, ha popularizado -por no usar el término farsante de democratización- sus medios de expresión para lograr hibridaciones felices. Desconozco si los recursos de Ogawa se regocijan en esta nueva particularidad o si coinciden con una línea más particular. Entiendo que en cierta medida defraudan nuestro supuesto de género puro y muestran por momentos que la poesía está en todo sitio.

También el adjetivo oral es víctima de malentendidos análogos, en ocasión una novela oralizada solo brilla por su expresión mediocre que se sostiene de un hilo. Lo oral para algunos es lo anti-poético. A dichos desertores los remito a Juan José Saer o a Margarite Duras a quienes se les trata de encasillar en el experimento.

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s