Poesía, truco

Debería hablar más de poesía en este blog.

En este blog siempre hablo de poesía.

La coincidencia es curiosa no tanto por su aparente contradicción, sino por su feroz caracter inmaterial. Me encantaría tapizar estos html en mis horas perdidas con brillantes descubrimientos líricos y compartir, lo que es rigor, mi amor de las palabras con el mundo. Solo que no publico acá mis textos ni me da por elaborar en los textos de otros, o hacer el comentario.

Nada más sencillo que justificar esta carencia crítica. Siendo un enamorado del género poético no quiero prestarme al juego académico de decifrar poemas como si los poemas fuesen para decifrarse. Tal imagen quiere decir tal cosa, tal cadencia comunica tal sentimiento y así no. Se me hace un poco ridículo, pongámonos metatextuales para ilustrar mi punto:

Debería hablar más de poesía en este blog.

En este blog siempre hablo de poesía.

El fragmento abre con dos líneas cortas en sucesión que, por su aparente oposición, se expresan por separado, buscando acentuar su relación contradictoria e inmediata. Encontramos los mismos elementos sorteados en varias ciruncstancias, la insistencia de “este blog” nos remite a lo inmediato y a la materialidad del soporte empleado (de la lectura efectuada, contradictorio hablar de materialidad debido a que nos encontramos en el ámbito digital, se entiende que a esto remite el término blog). El autor establece una relación entre el término habla y la poesía, ambos expresados con una oralidad, distintos pues la poesía aunque se recita a viva voz no se “habla”, o mejor dicho, no se considera poética mientras uno la trata como tema. Este formato declarativo, reiterativo, expresa ya en sí una resistencia a lo tradicionalmente lírico, sin por esto refutar su validez (la insistencia, el eco y la repetición siendo también elementos típicos del poema).

¿Tienen la paciencia de leer esas payasadas? Y bueno, admitamos que un lector recurrente de mi blog es por ende una suerte de santo cultivador de infinita escucha, de todos modos de mi parte sería un abuso imponerles algo que se puede catalogar meramente de ejercicio.  Mi respeto supersticioso a la lírica me impide presentar una redacción así. Discutir en voz alta del asunto sería otra cosa.

Hay algo condescendiente en el aparato crítico que de algún modo se vuelve más real a la lectura. Me gusta pensar que pregono un irrespeto sano hacia mi lector, pero no puedo correr riesgos innecesarios, tengo responsabilidades al expresarme públicamente. El presupuesto de que la poesía debe decifrarse para ser me da bronca. Es un juicio exterior que con mis propios recursos no puedo solucionar así que me economizo el esfuerzo simplemente evitando su propagación en lo que concierne a mi obra. Niego el comentario y restituyo su valor a la impresión, cuya falta de rigor pone un agradable peso alrededor de mi propio cuello.

Sobre compartir (más) escritos míos aquí, lo he contemplado, tal vez llegue ese día. El formato me postula algunas dificultades, tal vez las explique otro día para no hacer mi trabajo innecesariamente opaco -lo de un escritor que entrega un producto terminado y místico me parece burdo-. Compartir poesía de otros es tal vez la propuesta que me parece mejor, ¿podría comunicar el estima que me merecen estos textos sin caer en la figuración érudita o el pudoroso silencio? Es un balance que requiere su trabajo aunque su mérito no me parece despreciable. Aunque no soy un recitador excelso, me gustaría poder discutir los textos a viva voz, existe en ese proceso una sinceridad y una concentración especiales que son de mutuo acuerdo y que me temo, no se manifiestan a voluntad cuando se comunica en letra.

Otro pudor más inútil aún me atormenta: la publicación virtual de textos ajenos tiene algo de deshonesto a mi parecer. Mi respeto a los derecho-habientes de la obra de un difunto es limitado, pero robar la voz de alguien vivo es un artificio que en lo íntimo me indispone. Préciso que no me detendrá cuando llegue la hora pues el lenguaje en sí es un préstamo enorme de recursos, una desproporción de plagios. Y lo haré porque mi experimento anterior, hablar de un texto que no está presente, disponible ante el lector, terminó por remitir a una escolaridad involuntaria.

No hay instituciones poéticas, así que hagamos de lado esos formatos e improvisemos un par de pases mágicos. Un buen mago anuncia el truco, e invariablemente distrae a la audiencia.

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