Multiplicar lo cierto

Aunque lo hallo algo penoso debo confesarme admirador de los proyectos colosales, con todo lo curioso que pueda parecer cuando se tiene en cuenta que soy admirador de las formas cortas. No quiero decir que exista una oposición fundamental a este respecto, los poemas de Whitman no se caracterizan por su longitud mas su proyecto escrito es desproporcionado. Esto me empuja a una constante fragmentación, una suerte de acumulación de fuerzas contrarias que crean conjuntos que a primera vista se sienten caóticos. Pregono que no hay una sola materia literaria y esta variedad me sustenta. No se extrañen que descrea en mucha medida del consabido realismo que muchos escritores practican sin titubear.

El realismo es un género literario en todo sentido y no se debe aislar ciegamente de otras prácticas literarias. En efecto, la audiencia de un texto realista suele ser particular, pero ¿no se puede decir lo mismo de los ensayos o del teatro? Si bien la idea de que el realismo, con su poder documental, tiene gran vocación de expresar situaciones sociales y comunicarlas a la población -como una suerte de periodismo alterado-, no se puede sino reconocer que grandes textos de crítica social se han basado en postulados menos mundanos -todo el género de las distopias futuristas parte de este concepto-. Otro valor más nuevo -si existe la novedad en literatura- es reconocer el espectro intimista que cierto realismo nos invita a expresar. Sin profesar un mínimo de verdad, la autobiografía o la ficción biográfica pierde el aura que encanta a muchos lectores de hoy día. Negar el atractivo de lo íntimo que se vuelve publico en la época de internet es algo necio, se puede decir que una fuerte corriente biográfica, aunque se construye con herramientas propias, sigue perteneciendo en buena medida al género total al que llamamos realismo por darle una consonancia evocadora.

Claro, la literatura desde sus comienzos fue algo muy aristocratico -luego burgués-, lo que inclina este arte a funcionar dentro de una esfera de manifesta intimidad. Me temo que el realismo intimista sea más antiguo que la crónica social que se aparenta al periodismo, los japoneses ejercieron el género del diario como literatura desde hace muchos siglos, los chinos no fueron ajenos a este mismo tipo de expresión. El feudalismo, concentrando su inteligencia y su estetismo en un grupo limitado, era coherente con la ficción interior. Por otro lado, los relatos generalizados de índole social o histórica sufrieron una contaminación por lo que llamamos ficción pura, el folklore y la épica son deformaciones naturales y esperadas de lo que podría tenerse por testimonios rigurosamente realistas. No invento la rueda al decir que el realismo es un tipo de literatura tardía, mi insistencia viene de que en nuestra sociedad materialista, su obviedad y omnipresencia nos puede inclinar a descartarlo como algo más allá de la ficción común, como si en ello hallase sentido finalmente lo escrito.

A ese nivel, no vale la pena establecer jerarquías ni jugar al educador: si una cosa viene antes que otra, si la literatura tiene prioridad al enfocarse en lo social o si en ello es vana, es cosa de la práctica y de la actividad de cada quien. ¿Para qué partir en un pensamiento cuyo fin único es descartar la opinión de los demás? Si no ayuda a nuestro desarrollo intelectual ni nos brinda placer, mejor abstenernos de la crítica fácil. Mejor reafirmemos el valor de lo real como género, de su situación como limite en el uso de la ficción. Esto es muy sencillo y no nos tomará, espero, más que un breve párrafo.

Si yo decido escribir sobre un mundo donde la Unión Soviética nunca colapsó, puede parecer que nado de inmediato en la ficción pura. Esto no es verdad, pues el realismo jamás trata de una estricta descripción de hechos, un realismo es una exigencia lógica que descarta cosas como lo sobrenatural y lo indefinible. Si no se pudiera escribir de manera realista sobre cosas que nunca pasaron, no habría nada de literario en lo real, sería una colección de descripciones fatigadas. El realismo dicta que si yo hablo de un mundo donde la Unión Soviética no colapsó, los eventos subsecuentes respetarán este aspecto central sin modificarlo excesivamente. Porque si en ese mismo relato el Imperio Mongol suplantó a las dinastías de China, entonces mi texto realmente no es solo el relato de un mundo de Unión Soviética, sino otro completamente aparte donde una cantidad de historia se ha rescrito caprichosamente. Mientras más me alejo de lo concebible de mi premisa, menos puedo consagrarme a un realismo fundamental. Hay ficción en cualquier texto y en el género dicho de lo real, las inflexiones de la ficción deben reducirse a un mínimo para no violentar lo que el texto comunica. Así es, pues, que el realismo exige formas de narración formalizadas, como un soneto exigiría una rima o una métrica. Esto lo hace un género a parte entera, en un sentido de orientación material de las palabras en la página.

No obstante, al hablar de género…

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