Saber poeta

Hay más argumentos para malbaratar la poesía que modos de introducirla con beneficio en nuestro cotidiano. Esto es difícil de enteder porque todos disfrutamos la palabra poética, pero tan codificada y tipificada es la experiencia típica de esta, que ante el público general encuentra una enorme resistencia. ¿Cómo así? Me expresaré por un ejemplo para mayor claridad:

Vamos con niños realmente muy pequeños y pongamosle un concierto de música clásica por cinco minutos. Si alguno de entre ellos no disfrutó la experiencia, lo inclinaremos a inferir que por lo tanto no le gusta la música. Les mostraremos a los que si lo disfrutaron diez o veinte minutos más de melodías. A eso se reducirá la experiencia musical de toda la sociedad en cuestión.

Damián me envió un texto que discutía en términos más o menos análogos sobre la enseñanza de las matemáticas. ¿Qué cree la gente que son las matemáticas? ¿qué cree la gente que es la poesía? Se nos figura inevitable que cualquier tradición humana cuya práctica se limite a la escuela termine por parecernos estéril. Solo la experiencia masiva y la confirmación por los medios granjean una opinion duradera.  Necesitamos la reflexión y el estudio para llegar a las matemáticas, a su manera un esfuerzo análogo se debe emplear en la lírica o la melodía.

Irónicamente la mayor dósis de poesía que se intercambia como moneda corriente en nuestros tiempos es, précisamente, la contenida en las canciones. El resurgimiento del rap y la fertilidad del hip hop, son fenómenos masivos que concuerdan en la vigencia de lo poético en el día a día. Géneros densamente poéticos como los anteriores hayan la crítica dura de los amantes de la música pura, y lo mismo por los fanáticos de la lírica destilada. Existe el Slam como expresión menos musicalizada de una poesía que tiene ecos populares. Pienso que todos estos fenómenos indican claramente la legitimidad de la poesía como expresión vigente. De ahí podemos interesarnos en la calidad de dicha poesía.

Decía que se puede atacar la poesía fácilmente, una manera es por su sensualidad. Necesitamos trabajar la palabra en un nivel casi físico, de una experiencia vívida incorruptible, para que tenga la potencia poética que se consigue en los mejores textos. Aquí lo popular sabe errar como también logra su trabajo eficazmente: solo lo primario es tan común que podemos compartirlo como goce, por desgracia quien dice común dice también convencional, lo que suele conllevar demasiado artificio. ¿Bastaría con que este ideal poético fuera alcanzable por el vulgo para descartarlo? A los ojos de gente más elitista que yo, esta explicación puede pasar como válida. Personalmente yo lo achaco a la convención. Lo único incuestionable es que un segundo elemento entra en juego para volver la buena poesía algo realmente inspirado. Casi por contraste, ese elemento es un poder crítico que casi identificamos como social.

La poesía francesa tiene excelente reputación en el mundo occidental (lo digo así para evitar la letanía de características particulares de otras grandes poesías, china, persa, etc.),  y aunque sin duda parte de su grandeza se debe a la difusión, otra parte consiste en su extraña sensualidad casada con su pensamiento. Los franceses practican una literatura concreta, historicista, les interesa el realismo y el fenómeno del lenguaje como realidad, lo que les sirve de punto de vista analítico para más o menos todo. ¿Podemos decir que un filtro sigue siendo un filtro cuando se activa de inmediato? Nuestros ojos son filtros por lo que vemos el mundo y por ello, de hecho, lo que vemos es el mundo. Tan apegado es el pensamiento concreto y práctico a la sensibilidad, que la poesía francesa se vuelve un fenómeno efectivo y distante a otras poesías menos artisanas.  ¿Le brindamos una dimensión nacional por pura coincidencia? Hay que referir a una cultura concreta para describirla, ¿sería así de efectivo en un espacio físico distinto? ¿será una verdadera relación de causa y efecto?

Otra lírica prominente nos muestra el camino inverso, la poesía italiana del renacimiento es simplemente brillante, pero perdió parte de su brillo conforme la atmósfera creativa de la época se exportó al resto del continente. El florecimiento científico e intelectual sería directamente proporcional a la capacidad de expresión poética.  ¿Nos debe sorprender que una deficiencia en la educación de una cultura la hiera?

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