Aproximorfas

Si usted como yo practica cotidianamente más de un idioma y su dominio de dichas lenguas es dispar, constatará que las diferencias entre esas lenguas se magnifican groseramente. Sean generosos conmigo, entiendo que mi audiencia políglota domina cada uno de sus lenguajes de manera absolutamente igual, ¡yo no lo he logrado aún! Tendrán la oportunidad de comprobarlo, me temo, solo que no me desviaré de ese modo el día de hoy. Gracias a este intolerable defecto que yo poseo y ustedes no, he notado algo respecto al inventar palabras.

¿Se han preguntado de dónde vienen las palabras? De hecho existe una ciencia que documenta la evolución de las mismas, pero en determinado momento las elecciones de cómo el lenguaje se transforma no son del todo evidentes. Conocen la palabra “mail” en inglés, fue un galicismo que adoptaron los británicos para designar el servicio de correo, sucede que la palabra quedó en desuso en francés y que ahora los galos toman prestada esa misma palabra, ahora refiriéndose a la correspondencia electrónica. ¿Ya les conté este ejemplo? No tiene que ver directamente con lo que busco discutir, pero me gusta la anécdota ¿dónde íbamos?

A ver… Eh. La invención de las palabras, morfología. ¡Ah! Lo de las raíces. Pues decimos que piro quiere decir fuego, que flama quiere decir fuego, que fogos quiere decir fuego y que fuego quiere… Pues decir piro. En ese estado de cosas, con frecuencia, aparece un objeto que de algún modo se relaciona con el fuego. Esto varía mucho y un ejemplo sacado de la manga tal vez nos distraería. Dígamos pues que encontramos una raza de borrego cuya lana quema como el fuego. Es concebible que decidamos llamarlo (¿flamarlo?) de tal manera que su propiedad pírica se comunique através de su nombre. Llamarlo hieloborrego, por ejemplo, sería un irreconciliable con nuestras nociones. Entendemos que en una circunstancia alejada del grado cero de lenguaje, muchas elecciones al elaborar nuevas palabras deben enfrentarse a diversas composiciones ya existentes. ¿Internet no es una palabra reciente que se construye en bases existentes? Esto es así en cualquier idioma, aunque los préstamos de una lengua a otra sean pan de cada día. Uno inventa palabras como uno inventa historias: partiendo del universo que existe. Y de ahí ciertas intuiciones guiarán nuestas confecciones.

¿Y hay…? Perdón, hay nociones comunes que fundan nuestra intuición. Cada lengua ya tiene muchas palabras existentes y nuestra intimidad con ella nos granjea ciertos conceptos guías al crear. La nominalización es un caso ejemplo, tomamos un adjetivo, un verbo, un adverbio (en fin, lo que sea) y con ello hacemos un sustantivo. Yo digo coger, y pueden decir cogido o cogedor o cogedera, las palabras o existen o suenan como si pudieran existir. No quiero argumentar en término de reglas gramáticales porque esas reglas no existen en el sentido literal, la normalización no se puede emplear en cosas que aún no existen, es aberrante y ciego creer que se puede dictar un grupo de reglas que guíen el desarrollo de un lenguaje. Es absurdo, aberrante, ciego y retrógrada, tanto que supongo, ya se ha logrado en idiomas artificiales. Nada contra esas prácticas gratuitas de dominación, pero soy de los que piensa que la palabra algo pierdo si existe una forma de llamar a los borregos con piel incandescente antes que el mismo borrego exista. ¿No sienten que hay algo groséramente aproximativo en la matemática que funda esa lengua? No lo sé, yo hablo de intuiciones y eso me parece a mí. Habría una estética propia a cada idioma que se mezclaría a lo arbitrario de cada forma de hablar y de los vocabularios individuales. Sinónimos, deformaciones, inversiones de sentido. Que mal, qué caos, entiendo en cierto modo que algunos hablantes repudien la invención de palabras nuevas.

Yo, por otro lado, soy un devoto de esas aproximaciones. ¿Quiero referirme a las aproximaciones que traté de “esas” en la frase anterior? Puedo decir las esasiadas. O podría decir la esasciadas, o las esaciadas con el riesgo de darlas por satisfechas. O alternar todas esas si de veras me siento de mal humor, inventarles diferencias sutiles e incongruentes. Por lo menos así mantendremos ocupados a los traductores amigos, ¿no es un bello futurecho en el que vivimos?

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