Cruel interpretación

¿Qué tanto cuenta el mensaje de un texto? Esto, naturalmente, en lo profundamente literario. Decimos que hay temas en ciertos géneros, podemos decir que este punto les permite acceder a un snobismo borroso que los justifica, Godzilla es una metáfora del armamento nuclear, los zombies representan en muchos mitos la lucha de clases. Son temas que admitimos aunque pocos los utilicen para empujar a las obras que representan al calibre de obra maestras. En la literatura se exige que a cierto nivel este código semántico no solo exista sino que sea predominante. Hace poco expresé cuan pesado era en Dostoïevski el código de la sociedad rusa y cómo Saer empleaba algo análogo en el entenado, en ambos casos se cumple este “rigor” de tratar un tema que algunos tildarían de universal.

Y sin embargo, de hecho, la pregunta es legítima ¿qué tanto cuenta? Yo sé que estamos danzando en la peligrosa marea del hipotético literario, y no obstante habría que imaginar una obra donde lo que dice tal vez no importe tanto, pero que este magníficamente realizada. Me dirán Madame Bovary y quizás no se equivoquen. Yo diría que una mediocridad temática aún más elemental radica en Proust aunque otros dirán que solo por dicha lectura de la memoria À la recherche se salva del pesado olvido. Estamos, por supuesto, trabajando en el supuesto de que no se puede ser ambas cosas vacío de sentido y riguroso de sentido, lo que es medio falso. Además la evaluación de lo “universal” y lo “importante” del tema está sujeto a valores convencionales de cada sociedad y si nos quedamos a ese nivel la lectura no la efectúa un lector, sino que literalmente se la dicta toda la gente que conoce, es un convenio y no un íntimo arte (este segundo se conjugaría en una transformación del lector, una que précisamente lo sostendría encima de la convención y en donde conciliaría la imposibilidad estética, el deseo y su realización, una vertiente confusa donde visto de cierta manera, el tiempo no existe y lo aprendido es tan pasado como futuro, y nuestro punto de vista en él importa).

Hago toda esta paráfrasis, todo este paseo ejemplarizante, para hablar de un texto de Donald Ray Pollock, que posee probablemente la mejor prosa gringa que el siglo actual me ha permitido leer. Ya saben que no soy un resumidor que se limita a contener a una obra y su autor en una sola frase, mas si no hago el intento me queda siempre el sinsabor de que el lector no entiende nada. Ojalá lo indecible pudiera dejarse no dicho y que todo el mundo entienda ¿no? Sería obvio, evidente, barato. Aquí en este blog nos encanta lo barato y algún desertor sin duda tachará a Donald Ray Pollock de un escritor más bien barato.

¿Cómo? Pues porque no parece decir nada, o porque su decir se conjuga en el no decir. Supongamos que nos avocamos a la tarea de describir cosas que no figuran en nuestra literatura, en bañarnos en las entrañas de las bestias y vestirnos de sus confusos olores que tienen muchísimo de repugnante (obvio) pero también su fascinante belleza. Ahí es donde se encuentra Pollock, en la narración de cosas que pueden parecer difíciles de decir, que tienen algo de duro y de cruel que uno ya espera por reflejo en las literaturas periféricas como el noir o el barroco. Pienso que las literaturas policiales, como dijo Piglia, se basan en una realidad corrupta donde los ideales detectivescos (que premian a la razón y al intelecto) no sabrían prosperar. ¿Por qué muere Sherlock Holmes? Porque el mundo es sucio y la muerte es irremediable ¿por qué revive? Porque no sabría ser, Sherlock, suficientemente real para saber morir. En la obra de Pollock los personajes, por sus acciones, anticipan y participan en sus respectivas muertes. Es casi la definición de una corrupción que es barroca, no le quita creo, la maestría estética y la belleza confusa que se nos impone al leerlo. Alguno podría trazar en su línea a alguien como Nabokov.

¿Estoy diciendo que textos como The Devil all the time no nos dicen nada? Decididamente no. Creo que es un prejuicio sencillo por el tipo de ficción que nos presenta. Su hechura medida y cruda nos lo asimila a una realidad que por pura inmersión se nos figura sin sentido. ¿Qué podemos aprender del texto? Léanlo y decidan ustedes mismos. No soy vendedor tampoco, pídanlo prestado en biblioteca, a un amigo, róbenlo o bajenlo por internet (que es lo mismo). Creo que es un texto que agradará a muchos y es muy atractivo, el escritor es obviamente un veterano y espero como muchos otros que explore ese potencial que se adivina entre cada frase.

Así queda la sugerencia, a ustedes interpretarla.

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