Tratamiento narrativo

El concepto de lo cotidiano resiste a la tarea narrativa por razones que más o menos hemos explicado y no nos molestaremos en repetir. Al contar discriminamos. Hemos oído que la historia la escriben los ganadores, en ello no sabríamos atinar en encontrar el día a día del ganador, su furioso esfuerzo en suprimir de a poco a los hombres menores que plagarían sus relatos. Suprimir de la memoria y reducir al silencio es una tarea cotidiana de algunos, ellos no la narran pues entonces el silencio sería un eco, y es lo que suele parecernos cuando las circunstancias horribles se reflejan en lo que nuevos vencedores reinventan como historia.

Sería un concepto de historia caduco, puramente utilitario, el que suprimiría activamente el cotidiano. Es un enfrentamiento casi político, aplacar la queja de tantísimos anónimos para alisar una narración social. Luego la estadística también es reductora y cuando los hombres entran en consideraciones objetivadores, son datos y ya no vidas. Lo que pasa en la vida de muchos se funde en la virtualidad platónica y ya no es de nadie pese a suponerla en todas partes. Las costumbres comprobables, las que la ciencia regatearía, son individuales lo que las hace inservibles. Son como el arte, si necesitamos realmente esa paráfrasis.

Ningún hombre es literatura. Hay muchos escritos autobiográficos pero temo que el modelo de estos tome prestadas las herramientas de la historia y se haga perder el gesto que al cotidiano le sería salvador. Esto es un argumento ridículo hoy día en el que las autoficciones ya no se ejecutan con un caduco concepto de realidad. No puedo hacer un argumento generalizador de la costumbre en la autoficción, temo que la tentación de la identidad como fundamento, las termina por minar en la mayoría de los casos. El día a día es una verdad objetiva mientras que la identidad es pura fabricación. Y parece que la ficción se atora al tratar de dar substancia al objeto que llamamos mundo real pues… Finalmente lo vivimos. ¿Por qué describir lo que ya todos hacen? Nuestra estética utilitaria no sabría sino economizar esas palabras, esas imágenes.

Y sin embargo mi dictamen presume que la literatura se halla perpetuamente bañada en conceptos viejos. La historia de los ganadores se sabe, es un concepto gastado, de provocador no tiene ni el nombre. Todo el tiempo la palabra se reinventa y se enfrenta a realidades nuevas, de esas que el viejo concepto de “lo real” no puede contener. Dije que cierta ciencia ficción se presta a lo cotidiano, como tal, es un género que ya cumple pronto sus cien años. Leemos con conceptos literarios que no son nuestros contemporáneos y por otro lado, el cotidiano siempre lo es. En este desfazamiento entre tiempos para el lector, terminamos por evitar la costumbre que nos corresponde y el ángulo se falsea (o puede falsearse). Por fortuna, tenemos ya la lectura de lo inmediato, pues la tecnología nos ha prestado otro tipo de vigecia que redefiniría lo que puede ser la costumbre que tenemos.

No sé si el ejemplo resuena en ustedes, mas leer este blog con regularidad es un cotidiano. De hecho la práctica lectora es por definición una costumbre, metatextualmente siempre estamos en un cotidiano que es el de las palabras. Cada frase en cierto modo es todas las frases, solo que al mismo tiempo se concede un valor individual y estético que corresponde a una sola obra. No está en el engaño de la identidad, aunque luego quieran hacernos creer que “en un lugar de la Mancha” son palabras que solo pueden darse en el Quijote. Y bueno, Cervantes no está en el cotidiano de todos modos ¿no? ¿Quién en su sano juicio acostumbraría leer Cervantes?

La práctica de leer es cotidiana, así bien la de escribir. Esto no se traslapa en la obra pues en general la exigecia del lector (que recordemos, siempre es demasiado), no pide lo incompleto que está en la naturaleza de cada día. Un día no es una unidad pese a lo que el lenguaje pudiera hacernos creer, está fragmentado y complementado por todo lo que le rodea, por el tiempo, el futuro, los recuerdos y el siquismo que cargamos en un solo momento que se nos presenta inefable. Así es escribir, escribimos cotidianamente mas es inexplicable cuando el oficio se vuelve exactamente obra, no es una cuestión de un momento y una experiencia particular, como la fábula del dibujo de la mariposa, no sabemos cuanto pasa. Sería falso decir que al ponerle a algo un efecto de tiempo real se vuelve inmediatamente costumbre. De eso hablaremos ya pronto, tengo un poco que añadir a esta precisión del tiempo nuevo, de los conceptos caducos y todo eso.

Solo que cada parte de este blog, como los días, no sabría estar en el vacío y con valor propio. No vendo objetos de consumo ¿sabe? Esto es tratamiento.

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