Costumbrismo

¿Saben por qué la escuela no funciona como medio de aprendizaje? Por el vicio de pensar que se aprende al formular preguntas y atribuirles respuestas. La naturaleza verbal y mecanicista de este sistema pregunta-respuesta es, para empezar, incapaz de dar cuentas de nuestra experiencia de la realidad pero además crea la falsa impresión de que la respuesta importa. La literatura no sabría ser así de utilitaria, tenemos que esperar más que una respuesta al interrogarnos sobre si el cotidiano está en las letras.

El dialectico se empecina en manipular las deficiones, muchas veces falseando -¿voluntariamente?- el valor común que una idea puede tener. El primer método de este malicioso ejercicio es suponer que nuestros términos son simplemente “no objetos”. Todo mal no sería sino la ausencia del bien, su existencia depende deliberadamente de nuestra comprensión implícita de lo bueno. Así, al decir que el bien es necesario para entender el mal, obligamos a nuestro interlocutor a discutir lo que sería el bien, privándolo de un argumento autónomo. El mal sería suficiente para la ausencia de bien, pero no necesario.

Lo cotidiano sería un no objeto, por ejemplo, si solo fuera lo no épico o lo no espectacular. Hemos hablado de lo épico, muy representado en los géneros literarios. ¿Ve lo que he hecho aquí? El espectáculo es un elemento distractor, uno cuya presencia en la literatura nos parece poco pertinente y por lo mismo nos puede interrogar. ¿Hay algo menos espectacular que el texto? Es un concepto que parece más natural en el ámbito de lo presencial, aunque los objetos reales se vuelvan cada vez más indistintos y puedan reemplazarse por artificio. Un videoclip puede ser espectáculo aunque este montado de toda pieza. En ese sentido, la ilusión escrita podría tener ese caracter sorprendente.

Todo esto es escape. Primero habría que ver (dice el dialéctico) si lo espectacular no puede ser cotidiano. Un acróbata hace tareas exaltantes con una recurrencia incuestionable. Lo que es espectáculo funciona dentro de un marco de referencia que se desarrolla frente a un espectador y no es una cosa en sí, es un tiempo que seccionamos del resto del universo -lo hacemos narración- y en él es lo especial. Así también lo épico podría en verdad tener algo de común, durante el asalto de Troya -nuestro marco de tiempo-, los soldados debían agredir, defender y despojar sin más reparo. Hay un marco de referencia en el que incluso la epopeya puede ser vista como un cotidiano. Volvemos a la comedia romántica, el montaje manipula el tiempo y nos pone frente a una evidencia: nosotros como espectadores no podemos compartir un día a día, una vida, o un amor, con el personaje ficticio que nos convida de sus pasiones. Sería difícil generalizar un cotidiano desde que no lo delimitamos y reconocemos, mis costumbres cuando tenía diez años tienen sentido para mí, porque las conozco y porque entiendo que han cambiado sin dejar su naturaleza recurrente, ahora que soy un adulto.

En este juego de la temporalidad lo cotidiano es difuso. Todo es cotidiano hasta que no lo es, mi vida de niño era de niño hasta que dejé de serlo, pero dejó de ser cotidiana cuando mi abuela murió solo una vez y no todos los días. Si hay una narración del cotidiano mas depende del juicio a posteriori que lo coloca como una época, como una costumbre reducida o algo superficial. No podemos construir cotidianos sin montar un sistema de tiempos paralelos que lo niegan. Es la discriminación efectuada por siempre al narrar, decimos que una descripción cualesquiera puede extenderse hasta el infinito, pues el mundo que contamos puede ser determinista e implicar en cada objeto todos los objetos. Hay que dejar algo fuera, y ese resto no es nada, no existe en la narración, persiste solo en la ilusión de los lectores, en lo imaginable.

¿Quiero decir que lo especial es necesario para lo cotidiano y esto sería una no-cosa? No. El conocimiento de lo especial no es necesario y suficiente para comprender lo cotidiano. Nuestras costumbres no es lo que sobra de nuestras biografías, no es la formación ni la memoria lo que determina un cotidiano. Sin embargo, el esquema temporal que se requiere para leer la costumbre es complejo, y como muchos problemas de literatura, este simple hecho suele nublar mucho de lo que podría ser atinadamente algo fácil de narrar, y nos exige una convención que muchas veces no existe.

Es un ejemplo entre tantos de una definición que existe y no es sencilla de alcanzar, algo que sencillamente resiste en volverse una respuesta. No te enseña a enfrentar el cotidiano en la escuela aunque la escuela fue tu cotidiano.

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