A todos nos gusta, a usted también

¿Cómo puedes hablar de literatura si no te gustan Los hermanos Karamazov, El ingenioso hidalgo o nada de lo que escribió Victor Hugo? Tal vez no hay ningún arte tan convencional como la literatura, no hay reconocimientos tan resignados como los que se otorgan a los clásicos, no hay discusiones más adversas que aquellas concernientes a la obra que nadie avala. Sin estos lugares comunes y certezas, ¿estamos hablando de lo mismo? ¿no es ofensivo valorar a Isaac Asimov, Charles Schulz o a Brassens del mismo modo en que haríamos con un Dante, un Kafka o un Pushkin? Pues no, no veo cómo puede ser ofensivo, pero los literatos encontrarán argumentos para descreer de esta posición porque la conveción es importante. La literatura es un objeto de reverencia y de referencia, en ese momento es de discusión y se suma a la vida.

Hagamos un ejercicio de pensamiento como se practica en la ciencia. Supongamos que usted ha pasado los ojos por una obra magistral que no se le hace en ninguna medida más chica que las epopeyas de Homero o las comedias de Lope, en ese instante, se entera usted de que nadie sostiene el mismo elogio que usted, la obra no ha sido leída al menos en el sentido de la profunda riqueza que en ella ha desenterrado. ¿Cuál es su conclusión? Se me ocurren varias: la obra no es en realidad tan buena, su subjetividad la ensalsa en desmedida y no puede sostenerse rigurosamente ante productos de un pasado leído; otra posibilidad: la obra es lo mejor que se puede ser dentro de un contexto histórico, su fama pasará y el milagro que se ha efectuado ante usted será irrepetible para sus sobrinos o sus ahijados, una realidad objetiva permite constatar una admiración limitada a tales años o tal cultura, más su significado “universal” nunca se confirmará; finalmente, la conclusión de paranoicos y cínicos por igual: la inmortalidad del arte es un consorcio de influencias y nada tiene que ver con la realidad estética de una obra, todas las generaciones proponen varias obras que superan en belleza e inteligencia a las legadas por Goethe, mas los lectores contemporáneos infaliblemente las descartan y las prestan a un olvido temprano. Todas estas expresiones regresan más o menos a lo mismo: hay subjetividad y es el origen de todos los males, si mi libro no es un bestseller traducido al polonés, es que no he encontrado una audiencia apropiada para él.

Yo sostengo que la calidad artística es menos subjetiva de lo que nuestras hipótesis proponen, casi siempre el análisis muestra los puntos flacos de un texto y estos se reiteran de un lector a otro sin mediar influencias. Cortazar siempre es algo mundano, Shakespeare siempre es algo incoherente, Dostoievski siempre recae en personajes similares. No son condenas fatales al momento de leer una obra, mas siguen siendo elementos más o menos comprobables que no requieren demasiado escepticismo para ser hallados. La crítica no consiste en fatigar los elementos que en cierto modo cualquiera puede encontrar, supone más bien lo contrario: el éxito de los textos está dado o no importa. Hablar de ellos debe enriquecerlos, pues si nos quedamos en el limite de lo convencional no estamos diciendo nada, porque la literatura que todos se saben y las lecturas que todos hicieron igual, no dicen realmente nada.

¿Cómo se puede hablar de literatura sin amar los mismos libros que todos aman? La cuestión es más de la devoción que de otra cosa, la literatura es como la teología: parte de determinados principios (la existencia de Dios), para extenderse en diversas polémicas que desdibujan el propósito anterior. Creo que a todos les gustan todos los buenos textos, más deciden no abordar el propósito de este modo, pues eso predispondría sus argumentos a una reverencia cansada que sería en realidad un fruto estéril. Es importante descreer de lo bueno, pues en ese sentido, las soluciones nos están dadas en lo completo.

Y es más rico y más interesante el pensamiento que convida a la grandeza de los antiguos los revolucionarios que han extendido la literatura y su arte a algo más que los géneros de varios siglos de vida. Creo que intentar abolir este argumento final es de cierto modo una falacia que procede de la lectura equivocada de los demás que lo anteceden.

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s