Hoy Aira para rato

Entre los autores contemporáneos que en mi imaginario tienen más vigencia, debo mencionar de manera inescapable a Cesar Aira, escritor ineludible de la literatura argentina. ¿Por qué comienzo por la vigencia? Porque la prolífica producción de Aira es propia al descubrimiento, uno avanza por las zonas de su narrativa a paso seguro sin esperar caer en un barranco de sinsentido, aunque también permite un mínimo de presencia a la sorpresa. Es vigente porque es irreductible o mejor dicho, porque su reducción exigente nos resulta improbable.

¿Sabían que hace poco murió García Marquez? Bueno, ese señor institución era un periodista y novelista consumado, mas no podemos decir que fue acompañado hasta la tumba por una sensación de vigencia. Tal vez los clásicos en vida sufran peor este estigma que los cadaveres agraciados, cuando el reconocimiento del autor simplemente se supone, se admite como realidad, se vuelve evidente, no hay búsqueda que efectuar. Este es el doloroso premio de la fama, de cierto modo granjea a una obra varia el poder de la invisibilidad, transforma a la obra posterior en símbolo de la primera y presta un olvido seguro a las torpezas que la juventud supone. Pocos autores se permiten (consientemente) las torpezas que pueblan las narraciones de Cesar Aira, esto es en concreto el aspecto fatal de su obra: parece hecho por muchos hombres equivocados uno con respecto al otro, muchos hombres que con deseo estilístico dudoso, se plagian los unos a los otros.

Después de sus mejores textos Gabo empezó una etapa que sus críticos más duros tacharemos de decadente. Fue un hombre con oficio, eso es indudable, mas el universo ajeno y popular que lo galardonó como narrador mayor no era algo repetible. Comprendió con sensibilidad que emularse a sí mismo hubiera sido una atrocidad y utilizó su colegio personal de experiencia como método para no situarse en el mudismo feroz. No siempre este recurso llevó a la felicidad. Y en efecto, este extraño sitio que el último García Marquez es una bárbara injusticia para medir el talento del hombre, pero si creen que el arte tiende a la justicia, no han estado poniendo atención.

Es cierto que la impunidad del crítico temporalista es un arma difícil de usar contra las tirades de Aira, la variedad de la obra la vuelve opaca y en esa pared de sinsentido el juicio más severo debe siempre reinar. Partiremos con el tiempo la obra colosal del autor en provechosa y superflua, pienso que Aira es demasiado lúcido de su estilo para sospechar una inmortalidad más conjunta. Pese a su disparidad, cada obra del argentino es un objeto que comunica con todo hombre que se interese en el problema de la creación. No se plantea aquí la mitología del cosmos, simplemente se muestra el cosmos. Entendemos luego el valor simbólico que imponemos en las estrellas por las constelaciones, que nuestro rigor creador es el de las relaciones y el regateo penoso de objetividad y coincidencia. El artificio como máquina de producción en vez de bandera que oculta los engranes, tal es el método elegido por este Aira numeroso y difícil de comunicar. Pienso que la traducción será el elemento temprano que predispondrá nuestro ángulo de ataque hacia el corpus del autor, pues los textos que se comunican y se descubren pierden volumen siempre al exportarse. En algunos años, el autor traducido, a fuerza de ser comercial, habrá erradicado los azares extraños que el proyecto primero de la creación-máquina propone.

¿Un éxito…? Tal vez no tanto, inevitablemente (como es así para Lope de Vega, otro múltiple de la lengua) algunas obras dignas serán arrojadas al olvido, y su descubrimiento crítico será mentado de novedad sin cara, porque más tarde la vigencia del autor, mediada por los años, no tendrá ninguna urgencia. Los libros que hoy parecen llover a cántaros, serán una rareza en las bodegas olvidadas que son las librerías. Y entonces nadie se preocupará por descubrir la verdadera obra de Aira, verdadera a fuerza de ser buena (que es la única realidad del texto).

Esto no nos impedirá leerlo con la vigencia que aún posee. Sin duda no es su única virtud, pero por su caracter fugaz, logro disfrutarla tal vez más de lo que debería.

Advertisements

1 Comment

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s