Sin fin

Ser un buen escritor no tiene nada que ver con lograr lo que uno se propone.

¿Cómo puedo saber esto? (se preguntarán)

Qué les importa.

Todo relato o ensayo, poema o cuento, canción o guión, proviene de una postulación cuya existencia se figura (cuando la obra está bien hecha) un objeto necesario. Es una causa, un flujo creador, una influencia potencial. El culto a la finalidad queda excluído de todo esquema de creación que respete la función de la obra como necesidad, si bien hay gente que lo expresa de otro modo. Por eso el rotundo fracaso de los proyectos escritos debería percibirse como un alivio: nos quita el peso de trabajar una convicción aparte de una acción, como si una cosa no se incluyera en la otra por accidente, como si lo creativo, lo imaginativo y lo obsesivo no se hallara en parte al confundir todo lo anterior.

Cuando un autor dice “yo necesito escribir para vivir”, admite que no tiene un plan, que escribe con los pies que se somete al rumbo azaroso de las palabras, que son una simple herramienta social. Además, de pasada, el escribidor miente, porque nadie vive de escribir. ¿A qué se debe esta admisión de abandono ante la finalidad? ¿será una forma de liberación? Tal vez no podemos admitir que nuestros ídolos fracasen rotundamente en lo que se propone, que cada fundador de escuela literaria se halló con el desencanto y con la indiferencia hasta el punto que tuvo que justificar su propio abandono. Nadie puede sorprenderse de este cambio, y no obstante hay gente que alega créer lo mismo que ha creído toda la vida…. Va sin decir que también mienten.

Me he prestado al juego académico de obligarme a leer sobre Vladimir Nabokov, hablo de lecturas forzadas por que la dedicación en esta tarea me es ajena y no tanto por el desmérito del autor. No es nada especial (lo que leo) aunque se trata de una literatura artera y sin tapujos. El señor Nabokov escribe como un desengañado y hace crítica literaria como quién ha perdido la mistificación de los textos, tal vez una parte de sus opiniones son de la postura, pero yo creo entrever en su cinismo una cantidad importante de fracaso personal. Verán, en determinado momento, los escritores se enfrentan a su propio entusiasmo, a un reflejo de ellos mismos que respira y vive por la literatura. ¿Que cómo lo sé? ¿¡me van a dejar terminar!?

Ejem… El autor (decía) motivado por su deseo de bien escribir, comparte por vez primera un círculo literario al que se dedica y en donde propone sus primeras pistas estéticas. Entonces esta ingrata tarea termina por robar la virginidad (figurada -¿en serio necesito aclarar?-) escrita del autor, entiende a qué punto este círculo inmediato es obra del azar y no conecta de lleno con sus propias espectativas artísticas. Entonces deplora este momento de inocencia y lo reniega con furor, se decide a abandonar la pretención de pertenecer a ese grupo y formar ahí su identidad autoral. Corta el cordón, puede avanzar a la madurez.

Y si pienso esto al leer a Nabokov… Habría cómo argumentar usando la experiencia histórica de dejar una Rusia soviética que no leerá sus textos y resignarse a su grupo de inmigrantes rusos, yendo al punto de abandonar su idioma materno y hacer tarea renovado con los gringos. Todo esto es muy bonito y probablemente no sea falso. Mas es ajeno al punto que describimos hoy día, lo que nos importa es cómo todos estos fenómenos mostraron al autor su fracaso en las letras, los límites que se fue imponiendo en sus modestos proyectos literarios, que no pasaron al cambiar lenguajes o cruzar fronteras, sino en la triste y futil relectura de sus obras donde podia interrogarse en qué había fallado, y cómo podia usar todo lo demás (la vida, el exilio) como manera de corregir la falta por fuerza.

Si uno cree que ha tenido éxito, todos los abandonos de una existencia no le bastan para ser escritor por el arte. Tal vez por esto se ha descrito al libro vendedor como una obra necesariamente menor, venida de un éxito que se condena a sí mismo aún antes de haber llegado, como síntoma de una literatura abortada avant la lettre.

O no, ya váyanse a dormir.

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