Sobre el éxito

No permita la virgen que me ponga de moda.

Pensaba, seguro lo manejaré mejor que otros, seamos francos, soy lo máximo, pero sigue siendo una preocupación. Me encanta la moda, nada más necesario que la moda, la moda es el mejor sistema de arte para remedar la vida. Dicho esto, no quisiera ponerme de moda pues esto implicaría que mis vacías palabras solo cuenten en cierto momento y luego vuelva el vacío. Que el lector me busque ¿a quién le importa? Lo necesario es que encuentra algo, aquí, fuera de aquí, a pesar de aquí, en fin: todo eso.

¿Por qué escribir cada día si uno no quiere estar de moda? Bueno, existe una distancia grotesca entre el trabajo y el conocimiento, mi obra se construye cada día aunque en ella no me emplee, esperar una fama proporcional es ridículo e insensato. No quiero trabajar, porque no soy de esos que se definen por su trabajo, en ese mismo sentido, no considero que escribir sea un deber. No creo que publicar sea un deber. No seré menos escritor muerto, que lo que soy vivo.

Por absurdo que suene el párrafo anterior, es cierto. No escribimos pidiéndole cuentas a nadie ni subyugándonos a otra calidad aparte de la nuestra propia. Está usted aquí, leyendo ocasionalmente este blog y si su práctica ha sido dedicada (más que la mía) debe usted ser un lector digno de seguros aciertos. No deje que yo ni nadie le robe esta seguridad. El problema del reconocimiento es necesitarlo, es tener que vivir con él sea por obligación o por manía. El único que con mucho esfuezo puede llegar a conocerlo es un amigo íntimo, ¿quién podrá conocerlo varias veces para llegar al reconocimiento si el amigo no sabe más quién es uno? Entonces la resignación cae y no escribimos por la fama, ni por lo fugaz, ni por lo inmortal, ni por la palabra, ni por el método, ni por capricho, ni por ciencia, ni por virtud, ni por oprobio, ni por odio, ni por injusticia, ni ninguno de esos substantivos que no quieren decir gran cosa en el contexto. Escribimos por pura y feliz resignación. Y es un valor suficiente para emplearse en el asunto todos los días, y acaso el único motivo válido. Porque uno está resignado a darse cada día, pese a todo, porque así va a ser, si uno escribe va a hacerlo contra su propia vida y esto en variables días que nos ponen resistencia y no dudarían en juzgarlos (si se los permitimos).

Yo pensaba que quería escribir bien para tener éxito, luego comprendí que no iba a tener nada. Por esto mismo, sin objetos que sacrificar ni valores mayores, ejerzo mi redacción como mejor me parece y sin necesitar de los tumultos infinitos que han congraciado a tantos. Esto no es un método veráz, no sé si en otros se reproduzca con suficiente violencia. Si me parece grotezco reconocerme sin desear el éxito es que crecí en el sistema ciego de reconocer al mejor, de esperar solo lo mejor de uno mismo. Pienso en este sentido que lo mejor de uno mismo no vale nada si se intercambia presto por un par de halagos. Entonces olvídense, todas las injusticias hacen de nuestras almas objetos intercambiables y de negocio, no puedo ser un escritor sin asumirlo como oficio ni puedo serlo sin haber publicado, no es moneda lo que en el sistema de cambio no cotiza.

¿Hay algo de rebelde en la idea? Quizás. Por ello me quedo con la resignación, no se debe juzgar a otros sencillamente porque quieren vivir los sueños que les inculcaron sus padres, sería como atacar a una persona por tener la propia religión como convicción profunda, entiendo que no funciona y que hasta ahí queda. No somos el mismo tipo de hombres en ese nivel, hay quienes viven para el ensueño y es arduo. Yo creo que nos han vendido ya demasiados milagros y que en cuestiones literarias, la palabra “basta” tiene que emplearse en cierto momento.

Y pienso que la época del YA se nos está viniendo encima. ¿Puedo esperar entonces que alguien se tome la molestia de no tener recompensa? ¿estamos todos condenados a los demás? Quizás Sartre era tan espectáculo que allí reconocía su infierno.

Pensándolo bien, que me ponga de moda y que pase. Después de muerto de preferencia. Si no se puede pues… ¿qué tanta diferencia hay entre el desconocido y el olvidado? Ya juntos llegan a la meta de siempre.

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