De la peste a la estepa

La furia de los pestes, buen título, cuento decente. El atributo de la furia hace que las pestes no sean una simple abstracción y que nos remitan a una voluntad, la frase es un éxito en sí. Mi mayor reticencia sobre el cuento es que Schweblin no le imprime (suficiente) de su marca personal. En este tipo de cuentos, construídos y al mismo tiempo dueños de cierta universalidad, es fácil producir un texto genérico. Yo no diría que es para tanto (la frase en la que tanto insisto presenta de algún modo el ojo literario que construye), aunque sería mejor a mi parecer con más autora.

La medida de las cosas… Es otro cuento construído, no tan feliz. El personaje del narrador está completamente al servicio de la trama, lo que hace la narración en primera persona se sienta pesada e inconsecuente. Cae en el caso de un cuento cuyo conflicto interno  (valga la aliteración) parece mal resuelto, tienes elementos que amenazan con desviar la trama del final esperado, y otros que simplemente lo apoyan, con demasiado poco conflicto (el caso aquí) la narración parece una secuencia conveniente de arbitrariedades mientras que una desviación mal realizada es también torpeza. La trama no es realmente muy buena, si consideramos esto, el resultado final es halagador.

Mi hermano Walter es un cuento narrado de manera algo dispar, el texto tiene varias gracias y torpezas, algunas frases que llegadas tal como son nos dejan un tanto extrañados o por lo menos distraen. Es un cuento construído, aunque se regocije en rarezas varias (estas por la mayor parte funcionan). Empieza sutil para volverse ruidoso, este balance difícil funciona a medias. Un principio mágico, con tonos religiosos, funda el pasaje misterioso entre la felicidad y una caída inminente. Lo mejor del cuento es lo que deja suponer, esto compensa los límites de lo escrito, que siguen sin tener el nivel de los mejores cuentos de la antología.

Bajo tierra es de los cuentos que trabajan con un miedo generalizado, parece adecuado que su tratamiento sea más bien clásico. Me parece un acierto la transición entre una narración impersonal y las consecuencias de la historia. Otro mérito es el tratamiento de la locura, que vista de la distancia se ve menos artificiosa, menos de cartón. Tal vez el texto resulta un poco ajeno, por la dimensión de su tragedia que casi lo postula como un evento historico, afortunadamente Schweblin asume la distancia. La estructura, por quererse simple, cae un poco en la fórmula. De todos modos Bajo tierra prueba que un cuento puede ser enteramente clásico y funcionar.

La primera frase de Cabezas contra el asfalto es el mejor comienzo de todos los cuentos de este libro. No diría que es un comienzo perfecto (el apartado lo debilita un poco) mas sigue siendo muy, muy bueno. La voz narradora en este cuento es bastante particular, demostrativa, y es tal vez la caracterización más lograda entre los narradores del libro. Hay algo de confesional en la trama que se presta bien al humor, por este lenguaje que en su claridad tiene algo de opaco. El texto que trata de la vida de un artista, desde su juventud hasta cierto revuelo causado por su obra, es de caracter autobiográfico. Las transpocisiones funcionan y Schweblin trivializa atinadamente sus primeros conflictos. Me ha gustado el cuento, creo que muestra bien como la vida puede proponer tramas descabelladas o, mejor dicho, agarradas de los cabellos. Como en el caso de Irman, parece adecuado a una adaptación fílmica, la autora reconoce bien cómo el caracter visual del arte se comunica con más facilidad que lo puramente escrito.

Perdiendo velocidad, un cuento simpático aunque olvidable, también extrañamente visual. La estructura no termina de convencerme, las alternancias entre recuerdos, presente y la elipse temporal terminan por verse poco elegantes. Aparte de un imaginario popular agradable no hay mucho que analizar de este cuento, la trama es un poco como la de Mi hermano Walter pero reducida.

Finalmente está la Estepa, en este cuento la voz de la narradora es millones de veces más coherente que en Conservas, pero la trama es inferior. Bueno, está al final del libro y francamente a estas alturas uno sabe perfectamente lo que va pasar después de una página o dos, la ambigüedad que se crea al no mostrar lo que la pareja busca sirve más como metáfora que como tensión verdadera. Hasta cierto punto preferiría que la autora complicara la situación y mostrara todo al final, esto jugaría un poco con toda la tensión de cartón que se hace en el relato. En fin, tal es mi crítica con este texto, sabemos que no va a pasar nada y no pasa nada. La escena final logra construir cierta intensidad, esto es gracias a que todo lo anterior está bien escrito.

Con esto cubrimos someramente todos los cuentos de Pájaros en la boca, pueden ir a la página de internet de la autora y creo que hay disponibles a la lectura estos últimos dos cuentos. ¿Puedo darles una opinión generalizada de mis lecturas? Creo que son entretenidos en su mayoría, Scweblin tiene un estilo de narración interesante que se extraña cuando el texto es demasiado convencional, admito que el balance entre esto y la pura arbitrariedad puede ser difícil. Ningún resumen, a mi parecer, comunicaría tan bien como las extensas reseñas a las que me he empleado. Un reproche fácil contra mis comentarios: son crípticos sin el texto a la mano. Mi recomendación es simple, consíganse el cuento.

Agradezco como siempre sus comentarios y los espero la próxima vez, cuando huiré del género cuentístico como si fuese una plaga terrible (y furiosa).

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