La sombra de la obra

Temprano agoté mi tema sobre la desconstrucción y me puse a darle vueltas a la misma sopa para que se enfriara. No me quiero releer ahora mismo porque encontraré cada texto nefasto y fracturado, mi tarea no se presenta impermeable al análisis riguroso, ni siquiera puedo confirmar su felicidad. Me consuelo, casi, en haber estirado y deformado tanto mis argumentos que logré raspar la superficie de otro tema que puede presentarse interesante. Voy a tratarlo bajo el término de tradición negativa, ya lo explico:

Cada literatura suprime futuras literaturas. Si yo redacto Ardiente Paciencia, siempre existe por lo menos un texto vedado a todo futuro escritor (el texto Ardiente Paciencia), de no atenernos a este principio de identidad, autorizamos el plagio y si reconocemos la validez literaria del texto copia, lo glorificamos. Luego tenemos un argumento fácil que se usa contra la reputación de los traductores, el verdadero autor no es quien reformula un texto (por ejemplo en otro idioma) sino el productor original, no importando si el texto derivado es técnicamente superior o no. Aquel que me impute señalar simples evidencias, debe reconocer que los antiguos nunca fueron tan quisquillosos con la reutilización de material anterior, los mitos romanos son una amalgama de las creencias de cada pueblo vencido y anexado al imperio (el uso político de estos no niega su aceptación como pieza de arte).

Esto puede ir más allá: un texto que está inspirado o que conjuga elementos de una obra anterior, puede ser considerada un plagio espiritual. Muchos estudiantes cometen el error de interpretar el término influencia con el término copia, creo que el caracter peyorativo de uno de los elementos enturbia nuestra sana comprensión de la distinción. Dos autores pueden verse similares entre sí y carecer de influencias mutuas, mientra que dos obras disímiles pueden entablar un diálogo profundio sin aludir a eventos o estilos compartidos. El juego de la influencia no es tanto lo que uno se permite sino lo que uno se prohibe. Por esto cuando un autor repudia a sus mayores y se opone faruchamente a ellos, solo logra conjugar una admiración en pos de estos. Uno no evita ni ataca lo que le es indiferente. La influencia en sí, es un valor negativo, es permitir a un autor admirado un espacio de creación que le es propio e intentar evadirlo, o tocarlo solo de tal modo que no perturbe su obra.

Cuando hablo de influencia negativa me expreso en el terreno dudoso de las minucias verbales. Les presto un diagrama para ilustrar a lo que me refiero:Acciones

La influencia funciona para mí como el término entítulado No Acción en este diagrama, lo que debemos entender como “todas las acciones que no corresponden a la Acción”, básicamente es la sombra del verbo, la sombra del texto original que aparece al elegir una cosa -y desechar todas las otras-. Cada lector posee su propia sensibilidad para cuando se comete un plagio o se percibe una influencia, hay algo de consiente y voluntario en dicha acción -puede ser ignorada, yo prefiero pensar que todo lector es avisado-.

Tomando esto en cuenta hablemos pues de la tradición negativa. No funciona en el mismo nivel que la influencia pues no se trata de un efecto de carácter personal. Yo decido ser influenciado por Miguel Angel Asturias, nadie en realidad me sugiere su emulación -ni por Nobel ni por nada-. El peso de la tradición, por otro lado, habla de una expectativa generalizada en un grupo de lectores, se trata de una convención dialéctica por la cual determinadas obras se admiten “influencia de todos”, más o menos. El Quijote es un perfecto ejemplo en la lengua castellana. Al decir tradición negativa me concentro en el aspecto poco elogioso de esta constatación, que todos los lectores en cierto modo están “un poco hartos del Quijote” y no toleran otras obras así. No queremos más Quijotes, uno solo es el máximo que podemos tolerar. Una de las consecuencias de especularlo como una obra definitiva en su estilo, es que nos exonera de producir algo similar. Si un nuevo escritor acomete este propósito, estará tratando de ser “más Cervantes que Cervantes” lo cual en general es una estrategia perdedora en la literatura.

La tradición es una convención y por esta simple razón, es un poco estúpida. Un hombre puede pensar y tomar decisiones de maneras casi infinitas, un grupo de hombres siempre estará reducido en efectividad por las incoherencias internas del grupo. Los autores somos incoherentes, nuestro trabajo es limar esta aspereza hasta que parece voluntaria. Hay una insistencia, por ejemplo, en decir que la épica es un género muerto, temo que en parte esto sea una influencia negativa de la tradición que edifica a Homero. Muchos han practicado la épica desde entonces pues descreen de esta dudosa superstición popular. Queriendo premiar los esfuerzos de grandes autores antiguos, condenamos sus invenciones a la existencia pasada, a la letra muerta. Es como si nuestra tradición no fuera lo que son nuestras creencias sino de los vicios escritos de los que nos hemos exorcisado.

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