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Vamos, no pueden decirme que no extrañan a Derrida. Si son sus desertores, ¿un poco de deconstrucción puede hacerlos cambiar de opinion? Bienvenidos al campo de deconstrucción literaria primavera 2014.

En esta ocasión trataré un asunto típico de la sobremesa literaria: Los 10 mejores libros de la historia literaria.

(Someramente: Ana Karenina, Mme. Bovary, Guerra y Paz, Lolita, Huckleberry, Gatsby, à la recherche, cuentos (de Chejov), Middlemarch)

Fácil es restar todo crédito a una lista aquí, lo que haremos en vez de esto es desarmar los argumentos que podrían usarse contra ella y demostrar sus limites. ¿Por qué? Pienso que el ejercicio es más educativo que el patear metódicamente al caballo herido.

Me sorprende y me parece de buen gusto que nuestra providencial lista no solo contenga a Tolstoi dos ocasiones, sino que estas se expongan sin timidez alguna como el primer y tercer lugar de la selección. Enunciado de este modo, el dominio del novelista ruso sobre la literatura parece indefectible. Y a esto es sencillo responder con crítica virulenta, ¿habrán siquiera leído a Tolstoi en ruso los votantes de la lista? ¿volverán a sus maratónicos textos religiosamente? ¿es la calidad de Tolstoi o su influencia en la novela lo que se “premia” con este público reconocimiento?

Aunque estas críticas dialogarían entre sí, cada una se presta a distintos excesos que nos resultan inconvenientes. No me centraré en ninguna de estas preguntas, lo que me interesa hoy es hablar de Tolstoi.

¿Qué es un Tolstoi? Ciertamente no un tipo ruso con cierta obra y determinadas novelas, ya que los seres humanos no se leen. Los autores son primeramente sus estilos, sus géneros. Si pensamos las letras como una evaluación estética más o menos constante, más o menos homogénea, es solo natural que encontremos los escritos mejores acumulados sobre la misma ecuación creadora, que podría llamarse por ejemplo Tolstoi. Esto tiene sentido, es de un positivismo lúcido que por ser tal, ha de ofender a muchos hombres de letras que descreen de la ciencia. Digamos que en promedio objetividad y arte no se emplean como partes de un registro único.

Es casi esperado encontrar varias iteraciones de un solo autor si nuestro tema es la calidad, muchas listas como la que propongo descartarán esta idea como indeseable. ¿A qué se debe? Esto tal vez figure en la sicología del lector que reusaría clasificar sus lecturas de mejor-a-peor. Propongamos un ejemplo extremo, una lista “mía” de las mejores obras en español:

1) El hacedor (Borges)

2) El Aleph (Borges)

3) Otras Inquisiciones (Borges)

4) Glosa (Saer)

5) Borges (Bioy)

La lista se quiere doblemente polémica, por un lado, si ustedes execran a Borges, considerarán este listado una pavada; por otro, incluso los caricaturalmente borgianos pueden venir a decir “El hacedor no es mejor que el Aleph” y se vuelve a crear un artificial conflicto. Usar varias veces la misma ecuación de autor exige crear una jerarquía en su propia obra, la solución cobarde de decir, por ejemplo:

1) La comedie humaine (Balzac)

Lo que se opone groseramente a la idea de considerar obras como elementos discretos que se emplean a la lectura. Si estamos listando varios libros en el mismo lugar, podemos ser más directos:

1) La literatura francesa.

2) La literatura italiana.

Si comparamos la reiteración de Tolstoi con estas falacias técnicas, entendemos rápidamente que la decisión no está desubicada. El Tolstoi de Guerra y Paz no es exactamente el de Ana Karenina, su coexistencia en el mismo edificio no es atróz. La lista debe ser más exigente pues enfrenta al mismo autor con su obra y debe decidir cual de sus aportes posee mayor calidad. Hay dificultad porque el canon presta cierta inmortalidad a obras que acaso no son las mejores o más representativas de un autor, yo no veo Hamlet como una obra de teatro superior a Macbeth. En la obra de Shakespeare ambas son excepciones por su trama y sus personajes.

No hablamos del mejor autor tampoco, Tolstoi hizo obras monumentales pero no por ello es un escritor superior a Pushkin o a Chejov. Las obras felices y excepcionales dentro del corpus de un autor son una realidad literaria, descreer de ella es obrar por idealismo fundamental y no mirar los textos de cara. Veo en la repetición de Tolstoi cierta lucidez, que la voluntad de ser igualitario con cada autor querría negar. Hay listas que empezarían diciendo “una obra por autor”, sacrificando calidad por variedad.

La cohabitación de Tolstoi con su gran amigo Tolstoi, me parece una prueba de los criterios acertados que el método estadístico con que se creo esta lista logra sortear. Quiero pensar que individualmente muchos de los participantes del sondeo tuvieron la sabiduría para distinguir los propósitos y tomar la elección coherente. Sin duda Los Cosacos de Tolstoi no figuró en ninguna de las listas entregadas. ¿Alguien criticaría tal ausencia?

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