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Vamos, no pueden decirme que no extrañan a Derrida. Nada mejor que interrogarse sobre ideas de religión, relaciones verbales complicadas y dobles estándares con nuestro Derrida favorito. Y bien, hoy no trataremos nada de este filósofo francés, sino que trataremos de aplicar un poco sus estrategias de análisis para fines más o menos válidos. Bienvenidos al campo de deconstrucción literaria primavera 2014.

En esta ocasión trataré un asunto típico de la sobremesa literaria: Los 10 mejores libros de la historia literaria.

(Someramente: Ana Karenina, Mme. Bovary, Guerra y Paz, Lolita, Huckleberry, Gatsby, à la recherche, cuentos (de Chejov), Middlemarch)

Pueden tomar un segundo en leer el artículo en cuestión, aunque siendo francos no es muy importante para lo que viene. Digamos la lista sirve de inspiración. ¿Por qué? Pues uno ve ese tipo de listados y se dice -después de voltear la mesa por la ausencia de la Commedia-, que estos gringos se pasan la vida mirándose el ombligo. Sin embargo, dejando la maldad de un lado ¿qué esperaba? ¿Una lista  irreprochable? No sé si estaría menos decepcionado al ver una lista que se adecuara a mis gustos propios. Entramos pues en el terreno de la deconstrucción: la refutación total de esta lista (o cualquier lista del género ¿no?), es inútil, en ella aprendemos poco o nada. Mejor tratemos de cuestionar las refutaciones posibles de la lista, encontremos algo en ella que la justifique.

Primero cuestionaré la lista con respecto a los clásicos. La primera crítica que leí comentando el artículo decía: ¿cómo pueden faltar el Quijote, la Iliada o la Odisea? Desde un punto de vista académico, tal vez sean las ausencias más flagrantes. Yo hablé de la Divina Comedia, podríamos forzar su inclusión basándonos en el mismo criterio. Luego el inevitable comentario siguiente sería ¿y la Biblia? Ahí todo se desbarata.

La Biblia no fue escrita “como literatura”, entonces podemos usar un argumento fácil -¿y dudoso?- sobre como la Iliada y la Odisea tampoco. Así nos quitamos el problema formal de incluir tales textos , mas no podemos descartar del mismo modo el Quijote y la Commedia. Si uno se pone a pensar en el Quijote hay que admitir que está escrito de un modo algo chabacano y que es un texto relativamente lento. Conmovedor, feliz, pero groseramente imperfecto. No podemos descartar con la misma comodidad a Dante. Este tipo de métodos misceláneos sobre rechazo e inclusión de textos se presta a la evidencia de que los clásicos no son una sola cosa. Si partimos de una lista que como criterio debe incluir a los clásicos de la literatura estamos cayendo en un argumento complejo.

La identificación de clásico al menos en un concepto que puede unir a Shakespeare, Dante, Cervantes y Homero, habla de una influencia histórica de los textos en la producción literaria de los siglos siguientes. Si nos casamos con ese concepto estamos volviéndonos historiadores de las letras. Hoy en día exigimos mucho de nuestros escritores, a los clásicos les permitimos y perdonamos todo tipo de torpezas. Tratar de crear un santoral literario basado en este tipo de devoción es bastante retrograda y estigma al escritor contemporáneo en la posición del eterno perdedor de la historia. De hecho, si hay un criterio en que la lista que sugerí logra ser un poco interesante es en su admisión de textos más modernos y su relativización del concepto de clásico como las escuelas lo enseñan.

Notamos la presencia de Hamlet en la lista, con esto sabemos que la novedad no es un criterio para favorecer un texto. Podría serlo ya que si uno se pone roñoso el concepto de literatura es históricamente reciente… Reducir la lista buscando este tipo de argumentos rebuscados no sería sensible a mis ojos.

En la confección de una lista así me parece que este descreer de los clásicos es un enorme acierto. ¿Una lista de la mejor literatura sin Homero? Me parece un ideal magnífico, una manera de formular este topos clásico de la sobremesa literaria que admite que en este tiempo tengamos libros mejores. Hacer lo contrario sería odiar la literatura, decirse que ya todo está escrito y usarlo como argumento contra los demás.

Lejos de nosotros esas pobrezas ¿no?

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