Saison en purgatoire

Aunque he usado la palabra élite para describir la literatura hubiera estado igual de justificado hablando de puerilidad o marginalidad. En su auge, la verdadera literatura puede acceder al nivel de una moda, en general la podemos mejor tratar de distracción. La conjugación de estas evidencias explican las constantes crisis y el cotejeo con la muerte que desde hace un par de siglos plaga la condición literaria.

La narración y la lectura son más viejas que las letras éruditas, no nos cuesta admitir que acompañarán al hombre cuando los clásicos se hallan derrumbado. Hablando de literatura tratamos un minúsculo gramo de lo que concierne a nuestra invención, aquel cuya vocación a la perfección, a la autoconsiencia y a la autoridad se impone ante el resto de los goces. La obra hermosa no es literatura hasta que la obligamos a serlo. Regalamos un discurso crítico a tal o cual texto con el simple fin de aumentar su duración, de continuarlo para futuras generaciones de lectores, y a su vez inventar las razones de su éxito en nosotros. En promedio no se puede decir que la gente lea con ambiciones análogas, hay cierta pobreza en la búsqueda objetiva de la justificación en vez de la humilde aceptación del espectador. El lector que acaso se entiende incapaz de reproducir técnicamente la obra que admira, participa en ella por el comentario o el escepticismo.

Hasta aqui me aplico a un listado de generalidades que buscan poner un énfasis en cuan futil es producir literatura, en negarle con fatiga un cierto nicho de mercado. La literatura se codea con el comentario y la gente no compra libros de crítica, así podría -nomás porque sí- tirar de cabeza el mito de la literatura-literaria como objeto de consumo. Good riddance, los críticos queremos -algunos sin darse cuenta- que la marginalidad siga siendo la marca de fábrica del arte. Por eso hable de elitismo, pienso que no pocos consideran el asunto desde ese punto de vista. Yo creo que pueril tambié atina en reflejarlo.

Siendo tal el estado de las cosas, admito haber pensado este blog con ambición literaria. El escritor sabe estar en competencia con todos los letrados de cada época, en ese sentido, inútil reivindicar una audiencia  presente y masiva. Estar a la moda es una ocurrencia feliz del arte, no su vocación. De a poco me aplico a poblar este blog con reflexiones, índoles varias y alguna flotante estética. Nunca he esperado una explosión demográfica en mis lectores, pocos o incontables, me son preciosos. ¿Sería más válida la obscenidad? ¿perseguir una visibilidad cada vez mayor con ambición y desenfreno? Seguramente sí. No me ocupa. Por otro lado, me granjea cierto placer que sin una atención deliberada, un flujo más o menos constante sigue ocupándose en mis reflexiones pasadas. Y sé por ello que no es su caracter actual y constante lo que les garantiza una presencia en esos ajenos imaginarios.  Otro mérito podría existir.

Por accidente o adversa fortuna, una larga pausa sentenció Otras Bentilaciones al silencio. Yo empencé en dicho blog una reflexión sobre el tiempo, y para ser fiel a esa experimentación, decidí dar el dominio por muerto. Pudo ser el fin pemanente de las ventilaciones y de mi débil identidad de bloguero. Negocié un rato con mi mala voluntad sobre la posibilidad de un regreso en nueva forma. Pensé entonces en una proposición curiosa que las historietas gringas han implementado dentro de sus publicaciones mensuales. La idea de que es una historia absoluta dentro de la ficción, como en el televisor hubiera temporadas. Eh, fea frase que me aventé. Todo esto con un fin simple: darles la bienvenida a la deuxième saison de Otras Bentilaciones.

Nadie que lea primero Mas Bentilaciones fallará en ver el inmenso encabezado que ligaba ambas páginas, no es una sorpresa. Falta el proceso inverso: que el viejo blog mande gente para acá. Es lícito porque el juego es de tiempo y debe ser o no ser, a veces, porque el internet es casual. Si no han leído Otras Bentilaciones sepan que cuando este blog caiga inevitablemente en el silencio, hallarán ahí otras reflexiones que podrán fatigar. Y que las reglas cambiarán, que este blog no siempre será necesariamente lo que ven frente a sus ojos.

Quise escribir 20 temas antes de presentar estas intenciones, para reconocer que el proyecto va viento en popa y no es la simple paráfrasis de lo que hice antes. La literatura morirá, sin duda, este blog también. Me gusta pensar que no solo en eso se parecen.

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