Donde latinoamérica se encuenta con Cortázar

Como mencioné en una entrada anterior, mi lectura de la obra de Roberto Bolaño es algo desordenada. Esto tiene una consecuencia indeseable con mucha incidencia en esta reseña: no pude leer Los Détectives Salvajes sin pensar todo el tiempo en 2666. Los Détectives complementa bien a la obra póstuma, pues la afinidad fue buscada por el autor, pero la relación inversa no se mantiene. Para justipreciar los Détectives es mejor evitar la comparación directa con su sucesora.

Alguna información básica: el libro ronda las 600 páginas, se divide en tres partes desiguales con diferencias narrativas importantes y es un libro para amantes de la literatura latinoaméricana. Entrevemos sin dificultad el Bolaño poeta, al que el autor mismo refería con cierta ironía diciendo que luego se aplicó en la novela para hacerse rico. Los escritores anteriores al llamado “Boom” latinoaméricano están mejor representados en el libro, el Boom solo tiene un verdadero representante cuya identidad no necesito aclarar. De cierto modo el interés del libro está en su universo, en los detalles ricos que presenta, haciendo de la literatura en español un verdadero fenómeno mundial, en una época donde la figura del exiliado latinoaméricano era muy prominente cortesía de las dictaduras varias que poblaron el cono sur.

Es un libro largo, contiene una buena cantidad de historias, algunas de ellas impactantes y otras bastante hermosas. Para Bolaño el realismo es un compromiso fundamental, las relaciones y las ambiciones de los personajes se transforman o desgastan con el paso de los años narrados, hay algunos que mueren o desaparecen o se vuelven irreconocibles al avanzar la narración. Existe el idealismo, mas está conjugado en relación a muchas circunstancias, entendemos que los momentos grotescos de la novela tienen que ver con la incapacidad de congeniar el deseo y la realidad. Bolaño sigue siendo crudo y relativamente cínico por su manera de narrar, sigue manteniéndose exterior a los personajes permitiendo al lector ignorar mucho de ellos. Y con todo eso, el texto está bañado de amor por todos lados, casi la construcción entera de la novela reposa en la fraternidad entre individuos, los cuales en el fondo son desconocidos o apenas encuentros incidentales, pero que interactúan profundamente en la soledad de cada uno. Esto también, me parece es una impreciación a los escritores y los lectores, eternos solitarios, casuales conocidos.

Discutiendo sobre esta obra con Carlos, caí en cuenta que aparte de sugerir infaliblemente 2666, este libro también se arraiga en la obra de Cortázar. Hay una cita muy fácil de encontrar sobre cómo Bolaño admite deberle mucho a Borges y a Cortázar. La frase sugiere que la deuda es evidente. Lo de Jorgito Borges se me hace un poco redundante, porque todos los escritores que han leído al cieguito le deben algo aunque se lo callen -sirve al menos de mal ejemplo-. Lo de Cortázar de algún modo no lo ví, me dije que le gustaría leerlo, porque no reconciliaba el estilo seco de Bolaño con nada de lo que he leído de Julio. No obstante, ya siendo menos estúpido -y menos ciego, no sé con que autoridad califico así al argentino-, es bastante grosero cuánto el chileno le presta homenaje en su manera de construir e incluso problemátizar su obra.

Por ejemplo: este asunto de la afinidad entre gente apenas conocida y el subsecuente olvido es más o menos la problemática de Los Premios, un par de escenas climax del segundo y tercer libro no dejan de recordarme a 62 Modelo para a(r)mar. Al principio me preocupaban un poco las similitudes entre Los Détectives y Rayuela (las hay, pienso que el duelo de Belano y el atrincheramiento de Oliveira se parecen en muchos sentidos), pero ya reflexionando más el asunto creo que la obra de Cortázar que es más parecida es 62. Y bueno, si sirve de excusa nadie jamás se acuerda de ese libro. No es malo (hablando de libros malos de Cortázar, ¿alguien ha leído el Libro de Manuel?)… Solo entra en una posición incómoda donde no es un libro accesible como Rayuela y tampoco es un libro con vocación lectora como Los Detectives.
 
No quiero deformar el propósito de mi reseña, definitivamente Bolaño y Cortázar no escriben parecido, el atractivo de sus obras es muy distinto. Bolaño te da muchas ganas de leer otras obras, es un acervo de lecturas sugeridas y referencias, sus textos son más profundos, más humanos y menos juvéniles. Détectives no es un texto tan feliz en toda su extensión, tiene historias entretenidas y valiosas, pero también tiene sus partes flojas que te hacen sentir que no van a ningún sitio. Es un libro bastante desigual, aunque lo compensa por ser muy efectivo. Si usted ama la literatura latinoaméricana, Los Détectives Salvajes no lo dejará indiferente.
 

Una nota personal de mi lectura: no pude místificarme por los elementos enigmáticos de este libro, de cierto modo, pude preever lo que sucedería en el desarrollo de la historia, lo cual normalmente no me importaría (no soy un lector de certezas y sorpresas), pero esta vez me hizo sentir como si el climax se paseara un poco por todo le libro. Así como estamos, siento que leería 2666 varias veces antes de releer los Détectives  aunque de veras me encantaría que alguien me diera razones para mirarlo con nueva atención. Por el momento, me quedo con un intenso deseo por leer algo de poesía.

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