Los détectives menores

Después de partir en divagaciones que incluyen o critican el mundo editorial, siento un poco de culpa pues en el fondo ignoro casi todo de dicho universo.

Mi conocimiento es básico: los ingleses no leen, los gringos no traducen casi nada, la mayor editorial francesa está ligada a una feliz corporación que vende armamento y los monopolios éditoriales ayudan mucho a la ruina de las librerías. Cosas que me parecen accesibles a cualquiera que tenga un mínimo de curiosidad, pero que yo admitiblemente aprendí en la universidad. Los estudios me han sensibilizado bastante a las realidades de los empleos literarios que no son la escritura directa, y he dejado de verlos como en mis años jóvenes como un montón de parásitos, proxonetas y prostitutos en grados variantes.

Pensaba en la poca traducción de los gringos como uno de los factores déterminantes en la fama providencial de la obra de Roberto Bolaño. Nadie ignora hoy en día que el chileno es un escritor válido, mas existen en su generación otros autores igual de buenos -o mejores ¿no?- que no tienen tan felizmente tapizado el camino a la “posteridad”. Este azar, o esta predestinación, si se quiere, nos interroga sobre los elementos que llevaron a la obra de Bolaño a ganar los adeptos que llegó a tener antes de estar en todo sitio.

Y esto de cierto modo recae en los Détectives Salvajes. A notar primero que nada: no es la mejor obra del autor ni tampoco es la más traducida. Al momento en que se publica, sin embargo, su proyecto es revolucionario. Busca sin duda una totalidad que comunica especialmente con la audiencia hispanoparlante del autor. Este valor principal es lo que la sostiene, lo que la vuelve valiosa y lo que eventualmente la empujará a cierto olvido. Porque es una obra memoriosa y con una función histórica importante, por eso su posición es insostenible.

En un futuro cercano ya no será sencillo restituir la evidencia con que los Détectives Salvajes entra en diálogo con una época literaria. Varias generaciones de escritores pueden reconocerse en aquellas paginas, ver un espejo fiel de la literatura en español, autores que incidentalmente fueron los primeros y los más fieles lectores de esta obra. Acaso la evaluarán incluso sobre las otras obras “superiores” del autor. Estos lectores selectos tienen el mejor concepto para juzgar aptamente la obra, otros menos agraciados responden a cierta moda en la cual la presencia de escritores/héroes en la literatura se tiene como un elemento romántico y atractivo en una trama.

La extensión de la obra resiste al análisis superficial y a la lectura perezosa. Tal vez la mejor analogía es tratar de comparar este texto con la obra de Proust, que tiene infalibles lectores en cada generación y goza de un poder de convocatoria que permanece casi intacto. Con Proust la calidad desigual de cada libro hace que la saga de La Recherche no sea leída a cada tomo con la misma asiduidad, hay cierto síndrome de que una obra sirve como escalón para la otra y es en parte durante esta interconexión que los lectores se aplican a abordarla sin timidez. Los Détectives también tiene este extraño problema de servir como escalón, no solo a la obra de Bolaño sino a la de otros autores, a aquellos que hace ecos y que incluye o recomienda durante el desarrollo del libro. Tal vez el caracter de transición de los Détectives es un accidente editorial más que una realidad, mas no creo equivocarme al considerar la lectura de esta obra se hará cada vez más precisa y menos generalizada incluso dentro del corpus del chileno.

Trato de hacer argumentos que suenen más o menos objetivos, pero constato mi rotundo fracaso en este respecto. Tal vez la cita de autoridad se precisa, hablar de la sempiterna idea de libro clásico dejada por Jorgito Borges, donde un texto capturaría el imaginario de sus lectores por generaciones a venir. Los Détectives Salvajes no es el texto de Bolaño que te persigue cuando terminas de leerlo. Tal vez tratar de perseguir más la inmortalidad hubiera traicionado la efectividad que el texto posee a pesar de su longitud. Esto tal vez sirva de testimonio para autores que admiten lo extraño: la proeza técnica muchas veces pierde en poder ante la brutal imperfección.

El juicio desfavorable que la posteridad tendrá con esta obra será en cierto modo una validación del trabajo que Bolaño efectúo. Ya ven, hay muchos autores que sufren el estigma de volverse famosos por un libro y nunca tocar de nuevo los imaginarios de sus lectores así de profundamente. Si Bolaño hubiera principalmente fundado su mito gracias a una obra de memoria y de generación, el espacio que representa su propio discurso para el futuro sufriría en consecuencia. Sus lectores leales e inteligentes, lo han salvado de un destino tan deleznable, despreciando este libro en justa medida.

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